Halls of torment: Masacres sin descanso en un infierno pixelado

Published on

in

Halls of Torment llega con esa sensación de “ya he visto esto antes”, y sorprendentemente consigue agarrarte desde el primer segundo. El juego se coloca en el terreno de los supervivencia con hordas infinitas, un género que ha explotado bastante en los últimos años, pero en este caso se hace con personalidad propia: pasillos oscuros, criaturas que aparecen de donde menos te lo esperas y un ritmo que mantiene los nervios en tensión constante. No estamos hablando de una revolución ni de algo que vaya a cambiar la historia de los videojuegos, pero sí de una propuesta que sabe lo que quiere ser: un desafío intenso, con una estética de fantasía oscura y un sistema de progresión que te empuja a probar estrategias una y otra vez.

La historia de Halls of Torment es básicamente un “toma esto como excusa”: eres un héroe atrapado en un laberinto de pasillos interminables, rodeado de demonios y criaturas que no tienen intención de dejarte respirar. No hay grandes giros, ni desarrollo profundo de personajes, ni tramas que te hagan replantear tu vida Todo lo que tenemos es atmósfera: un mundo hostil y opresivo que justifica que estés pegando espadazos sin parar mientras buscas sobrevivir. Y, sinceramente, eso es suficiente. Aquí la conexión emocional viene de ver tu barra de salud bajar mientras tratas de esquivar a una horda de monstruos que parece salida de un mal sueño. Para quienes buscan un argumento profundo, esto puede decepcionar, pero para los que disfrutan del caos constante, es más que suficiente.

Donde Halls of Torment brilla de verdad es en su jugabilidad. Desde el primer minuto, sientes que cada decisión cuenta: elegir personaje, combinar habilidades, encontrar el arma adecuada y posicionarte bien mientras hordas de enemigos avanzan sin piedad. La curva de aprendizaje es justa; empiezas torpe, y poco a poco vas sintiendo cómo cada mejora te hace más poderoso y seguro, hasta que el campo de batalla deja de ser una pesadilla y empieza a ser un reto satisfactorio. Cada ataque se siente, cada movimiento responde, y la progresión es notoria: cuando finalmente superas una oleada que parecía imposible, hay una mezcla de alivio y orgullo que pocas veces se consigue de manera tan directa en juegos del género.

Claro que no todo es perfecto: el diseño de enemigos tiende a repetir patrones, y muchas de las oleadas se basan más en la cantidad. Esto puede generar momentos en los que la acción se vuelve monótona, sobre todo si ya has encontrado tu combinación favorita de habilidades y armas. Pero incluso ahí, el juego consigue mantener la tensión gracias a su ritmo frenético y a la sensación constante de peligro. La pantalla puede llenarse de monstruos hasta niveles casi caóticos, y la sensación de estar al borde de la muerte, donde un solo fallo te hace reiniciar la partida, es uno de los mayores atractivos del título.

La rejugabilidad es otro de sus puntos fuertes. Cada personaje tiene su propio estilo, y las combinaciones de armas, accesorios y mejoras invitan a experimentar. No se trata solo de repetir oleadas por repetir, sino de probar distintas estrategias y ver cómo cada elección afecta la supervivencia. Eso sí, la novedad puede desaparecer con el tiempo y, una vez que has probado todas las combinaciones, las partidas largas pueden sentirse algo repetitivas. Pero mientras dura la novedad, la sensación de progreso es adictiva, y cada mejora obtenida se siente merecida.

Visualmente, Halls of Torment tiene ese encanto retro que nos recuerda a los juegos de finales de los noventa y principios de los dos mil: un pixel art detallado combinado con modelados 3D simplificados que generan un estilo curioso y reconocible. No va a impresionar por su realismo ni por su espectacularidad, pero logra crear un mundo coherente y oscuro, con un diseño gótico que refuerza la sensación de peligro constante. Los escenarios están pensados para generar tensión: pasillos estrechos, rincones llenos de enemigos y luces que apenas iluminan lo suficiente como para mantenerte alerta. No hay grandes variaciones de entornos, y esto puede resultar repetitivo después de muchas horas, pero la atmósfera sombría funciona, y encaja con la personalidad del juego.

El apartado sonoro acompaña perfectamente la acción. La música es tensa y repetitiva, diseñada para mantenerte en alerta mientras las hordas avanzan, y aunque no se vaya a quedar en tu cabeza para siempre, cumple su función a la perfección. Los efectos de sonido son claros y precisos: cada golpe, cada muerte de enemigo, cada alerta de peligro se percibe con nitidez, algo crucial cuando la pantalla está saturada de acción. El juego no necesita voces ni diálogos elaborados; su lenguaje es el de la acción directa, y lo hace bien.

Técnicamente, Halls of Torment se comporta de manera sólida incluso en los momentos más caóticos. Los tiempos de carga son breves, la interfaz es clara y los personajes responden de manera precisa. Eso da confianza para enfrentarse a oleadas interminables sin miedo a que un tirón de frames arruine la partida. Sí, pueden aparecer pequeños bugs relacionados con física o impacto de enemigos, pero no son frecuentes ni rompen la experiencia. Para un juego de este estilo, la estabilidad es fundamental, y aquí está presente en todo momento.

Al final, Halls of Torment no reinventa el género ni pretende hacerlo. Lo que hace, lo hace bien: ofrece un desafío constante, sensación de progresión y un mundo oscuro y opresivo que refuerza la experiencia. No necesitas grandes historias ni diálogos épicos para sentir que estás viviendo algo intenso; el juego te mantiene enganchado con hordas interminables, decisiones estratégicas y el placer de mejorar tu personaje. Es un título que recompensa la constancia, el ensayo y error y la experimentación, y que sabe ofrecer una experiencia intensa a lo loco.

En definitiva, Halls of Torment es un juego sólido para los amantes de la acción pura, la supervivencia y el perfeccionamiento constante. No brilla por su historia ni por su originalidad, pero sí por su capacidad para mantener al jugador al borde de la silla, manejando hordas que nunca dan respiro y celebrando cada victoria. Si buscas un juego que combine fantasía oscura, tensión constante y un ciclo de progresión que premie, este título tiene lo que necesitas. No te va a sorprender con giros dramáticos ni diálogos inolvidables, pero sí con la satisfacción de sobrevivir donde otros caerían, y la diversión de perfeccionar tu estrategia hasta convertirte en un verdadero maestro de los pasillos del tormento.