CloverPit: Adicción y horror en cada tirada

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CloverPit es uno de esos juegos que, desde que lo ves, sabes que algo raro va a pasar. No raro de “fantasía y dragones”, sino raro de ese tipo de tensión que te hace mirar por encima del hombro aunque estés solo en tu cuarto. Creemos que Panik Arcade tuvo una idea muy clara: coger una máquina tragaperras y convertirla en una experiencia de terror psicológico, una experiencia que juega con tu cabeza. Y ojo, que funciona sorprendentemente bien.

La premisa es sencilla: estás atrapado en una celda de aspecto horrible, con paredes sucias, una iluminación que haría llorar a cualquier electricista y una deuda que te persigue en cada tirada. Frente a ti tienes una máquina tragaperras y un cajero automático. Nada más. Esa es tu vida ahora. No hay tutoriales, ni personajes intentando explicarte un lore. Aquí la historia se descubre a base de errores, sustos y decisiones que, muchas veces, empeoran tu situación. Y no te lo dicen con cinemáticas. CloverPit deja que tú mismo entiendas lo que necesitas: estás metido en un agujero y solo hay una manera de salir, apostando. Es una idea tan diferente que resulta brillante.

Creemos que la narrativa está muy bien planteada porque no se empeña en llamar la atención. No quiere despistarte con textos enormes, sino que te deja investigar poco a poco qué demonios está ocurriendo, como si fueras el protagonista de una película de terror que no sabe ni cómo ha llegado ahí. ¿Quién te quiere cobrar esa deuda? ¿Por qué no puedes levantarte y salir por una puerta como una persona normal? ¿Qué hay detrás de esas paredes? El juego no lo suelta todo de golpe, pero cada tirada y cada pequeño evento van añadiendo piezas a un puzzle que irás completando poco a poco.

Pasemos a lo que más importa: cómo se juega. A primera vista, CloverPit podría parecer una simple tragaperras misteriosa. Pero cuando empiezas a jugar te das cuenta de que hay una estrategia muy meditada detrás. Cada tirada tiene consecuencias, no solo económicas. Los símbolos pueden darte recursos útiles, maldiciones permanentes, ventajas a largo plazo o problemas de los que luego te arrepentirás. Aquí no todo es “me ha tocado un premio, soy rico”. Muchas veces la máquina te sonríe de una forma muy sospechosa para luego recordarte que ella siempre gana.

La barra de deuda es un reto constante. Cada turno te acerca más al éxito o al final de tu existencia. Nos ha encantado lo bien medido que está ese equilibrio entre querer tirar más y el miedo a que todo salga tan mal que desees nunca haber hecho esa tirada. Es ese tipo de experiencia que te mantiene con el corazón acelerado aunque técnicamente solo estés apretando un botón. Pero claro, detrás de ese botón hay una gestión de recursos andante: elegir cuándo pagar, cuándo arriesgar, cuándo subir la apuesta o cuándo aceptar una derrota parcial para sobrevivir una ronda más.

El hecho de que sea un roguelite potencia la experiencia al máximo. Morir aquí no es solo perder una partida, es quedarte con una sensación incómoda de que podrías haberlo hecho mejor si esa última tirada hubiese salido distinta. O si no hubieras cogido aquel objeto maldito que te sonreía demasiado. El juego está diseñado para que regreses una y otra vez como si la máquina tragaperras fuera un imán para tus decisiones. Y sí, precisamente eso es lo divertido.

Lo mejor de todo es cómo consigue que sientas que tienes control, cuando en realidad, la mayoría del tiempo, no lo tienes. Creemos que ahí está la verdadera genialidad del juego: te da la ilusión de que eres dueño de tu destino cuando de repente te sale una buena cadena de símbolos y vuelves a sentirte un héroe del azar. Ese vaivén emocional funciona como una montaña rusa que no necesita explosiones ni persecuciones, solo decisiones simples con consecuencias brutales.

Visualmente, el juego apuesta por un pixel art oscuro y muy bien ambientado. Los elementos importantes destacan justo lo necesario. La máquina tiene un brillo que te incita casi a tocarla, y el resto de la celda está diseñada de forma que todo grita “quiero salir de aquí, por favor”. La estética esta tan bien pensada para que no te olvides de que estás en un ambiente de terror y es lo bastante sugerente como para que quieras seguir mirando e investigando. Es un equilibrio difícil de conseguir en un juego de recursos sencillos, y aquí está muy bien conseguido.

El sonido merece un aplauso especial. Cada efecto sonoro parece destinado a incomodar. Los chirridos de la máquina, los ruidos metálicos, ese pitido extraño cuando pierdes… todo está diseñado para que la tensión suba. La música a veces desaparece, y cuando vuelve, te hace sentir que algo va mal aunque no haya pasado nada. Creemos que es un acierto enorme, porque CloverPit no quiere darte miedo con monstruos saltando en la pantalla, quiere comerse tu tranquilidad ladrillo a ladrillo.

Sobre los aspectos técnicos, la verdad es que se nota que es un juego pequeño pero trabajado. Puede haber algún glitch ocasional o una animación que se quede pillada durante un segundo, pero nada que rompa la experiencia. Y Panik Arcade parece comprometido con mantener el juego estable. A día de hoy, creemos que CloverPit funciona muy sólido y que cualquier pequeño error es casi parte de la locura general que transmite.

Y claro, no podemos dejar fuera lo más importante: ¿nos ha gustado? Pues sí. Sobre todo ha sido porque tiene personalidad y concepto. CloverPit sabe lo que quiere ser y lo hace sin miedo. Es diferente, se arriesga, prueba cosas nuevas y te atrapa desde el primer minuto. Hemos tenido partidas donde la tensión se podía cortar con cuchillo, otras en las que la suerte estaba de nuestro lado y nos hemos sentido los reyes de la cárcel, y otras en las que la máquina decidió que ya habíamos tenido suficiente diversión y necesitábamos recordar quién manda.

Hay detalles que podrían pulirse más: a veces el azar te castiga demasiado, otras una partida se alarga más de la cuenta sin ofrecer nada especialmente distinto. Son cosas que pueden equilibrarse en el futuro. Pero nada de esto llega a tapar la sensación general de haber vivido algo distinto y, sobre todo, bien hecho. Consideramos que es un juego fantástico para quienes disfrutan del riesgo, los roguelite y esas experiencias que te mantienen en tensión mientras piensas “vale, una más y ya”. Y todos sabemos que nunca es una más. Esa frase es el primer paso del desastre y CloverPit lo entiende tan bien que juega con ella.

Creemos que, si te gusta probar ideas nuevas, estar nervioso un rato y sentir que tu suerte vale más que cualquier habilidad real, CloverPit te va a encantar. Y, siendo sinceros, esa sensación de tirar de la palanca con miedo a lo que pueda salir es muy divertida. Aquí tienes un juego que te hace vivir un horror muy humano. No te persiguen monstruos, no hay zombies, no te atacan criaturas míticas. Lo que te persigue es la deuda. Y si eso no da miedo, no sabemos qué lo hará.

( PD: Recomendamos jugarlo con luces encendidas y cero deudas pendientes en la vida real, por si acaso).