Hay juegos que llegan sin hacer ruido y, de repente, se te meten entre las manos como si te hubieran estado esperando. Decktamer es uno de esos. Lo ves, lo pruebas, y antes de darte cuenta llevas tres horas intentando mejorar una baraja que te niegas a cambiar porque, oye, tiene “personalidad”. Este título es una de esas pequeñas joyas que mezclan construcción de mazos con combate estratégico y una ambientación que recuerda a esas historias de monstruos que todos veíamos de pequeños, pero con un toque oscuro y adulto que le sienta genial. Desde el primer minuto, se nota que quiere hacer las cosas con estilo propio, y lo cierto es que lo consigue bastante bien.
Decktamer es un juego de estrategia y cartas con criaturas, duelos, mejoras y un aire roguelike que lo mantiene fresco en cada intento. No intenta revolucionar el género, pero se nota que sus creadores han entendido perfectamente qué hace divertido a este tipo de juegos. Hay algo especial en cómo logra que cada partida se sienta distinta, y en cómo te empuja a probar combinaciones imposibles de cartas solo por ver qué pasa. Es de esos juegos que te dicen “una más y me voy” y, cuando miras el reloj, ya estás dos cafés por encima del límite saludable. Nos ha pasado.

A nivel de historia, Decktamer no intenta construir un relato profundo ni emocional, y sinceramente, no lo necesita. El juego plantea un mundo donde el jugador se convierte en alguien capaz de invocar y controlar criaturas mágicas a través de su baraja, enfrentándose a una serie de enemigos cada vez más duros dentro de un reino lleno de monstruos, magia y caos. El pan de cada día vamos. La trama existe más como una excusa para lanzarte de cabeza al combate que como un foco narrativo central. Aun así, hay encanto en su ambientación: cada criatura parece tener su pequeña historia, cada duelo tiene una identidad, y el juego se las apaña para que sientas que estás progresando en una especie de torneo entre campeones místicos.
Creemos que el modo en que la historia se presenta es bastante acertado para su tipo de experiencia. No hay escenas eternas ni muros de texto que te corten el ritmo, sino pequeños fragmentos de información que vas descubriendo entre combates, diálogos y cartas nuevas. Es un enfoque simple, pero funciona. No te cansa ni te abruma. Y aunque no sea un juego narrativo, sí tiene ese “algo” que te hace sentir curiosidad por saber quién demonios está detrás de ese enemigo final que te ha destrozado tres veces seguidas. En ese sentido, la historia cumple su papel: da contexto, da ambiente, y te deja espacio para centrarte en lo importante, que es jugar con tus monstruitos.

Además, hay que decir que Decktamer tiene bastante rejugabilidad. Cada partida se desarrolla de forma distinta según las cartas que te toquen y las decisiones que tomes, lo que lo convierte en ese tipo de experiencia que te engancha porque sabes que podrías hacerlo mejor si cambias solo un par de cosas. Y claro, ahí entra el bucle infernal del “venga, otro intento”. Es un juego que premia la curiosidad y la paciencia, y cuando empiezas a dominar las mecánicas, la sensación de control y poder es increíble.
En cuanto a la jugabilidad, Decktamer lo ha petado. Aquí no hay adornos innecesarios: construyes tu mazo, te enfrentas a enemigos y tomas decisiones que pueden ser la diferencia entre la victoria y el desastre absoluto. Cada turno cuenta, cada carta puede cambiarlo todo, y eso genera una tensión constante que nos encanta. Las mecánicas principales giran en torno al uso estratégico de tus cartas y la gestión de tus criaturas. No basta con tener una baraja potente; hay que saber cuándo y cómo usarla. Ese toque táctico convierte cada partida en una especie de ajedrez mágico donde el azar también tiene mucho que decir.

Lo que más nos ha gustado es cómo el juego logra que todo se sienta fluido. Las animaciones son rápidas, las decisiones se entienden de un vistazo y, aunque hay muchísima información en pantalla, el ritmo nunca se rompe. No es un juego difícil de entender, pero sí uno de esos que cuesta dominar. Al principio parece sencillo: invocas criaturas, atacas, sobrevives. Pero luego descubres combinaciones de cartas, efectos, y de repente estás diseñando estrategias como si fueras un científico loco con una obsesión por los monstruos de fantasía. Es adictivo, en el mejor sentido.
La progresión está muy bien medida. Cada victoria te da nuevas cartas y mejoras que te empujan a experimentar más. Lo bueno es que nunca da la sensación de injusticia; si pierdes, sabes perfectamente por qué, y eso invita a mejorar. Y claro, esa mezcla de dificultad y recompensa hace que cuando logras una buena racha te sientas invencible. Es uno de esos juegos que, sin darte cuenta, te entrenan el cerebro a base de repetir, probar y aprender. También hay que decir que puede ser un pelín exigente en los niveles más altos, y hay combates que parecen diseñados por alguien que no quiere verte ganar ni por error, pero, sinceramente, ahí está la gracia.

Otro punto a favor es que el juego no cae en la monotonía. Gracias a su sistema de mejoras y a la enorme variedad de cartas y criaturas. Es cierto que algunas combinaciones están más rotas que otras (sí, estamos mirando a esa carta que hace daño en área como si fuera el apocalipsis), pero esa sensación de ir descubriendo estrategias nuevas mantiene el interés incluso tras muchas horas. Y si te gusta optimizar builds o romper el equilibrio del juego con combinaciones absurdas, aquí vas a pasártelo en grande.
Visualmente, Decktamer apuesta por un estilo que mezcla lo clásico con lo moderno. Su arte detallado tiene ese aire nostálgico de los RPG de antaño, pero con una paleta de colores más viva y animaciones muy cuidadas. No busca el realismo, y precisamente por eso funciona tan bien. Cada criatura tiene su propio diseño y personalidad, y da gusto verlas. Se nota cariño en los detalles, desde los efectos de las cartas hasta las pequeñas animaciones de ataque y defensa. Además, la interfaz es limpia, sin distracciones, lo que se agradece en un juego donde cada segundo cuenta.

El ambiente visual logra meterte en el tono del juego de inmediato. Hay zonas más oscuras y sombrías, y otras llenas de energía mágica, casi psicodélica. Esa mezcla constante de estilos crea una experiencia visual muy variada que nunca cansa. No es un juego que te deje boquiabierto por sus gráficos, pero sí uno que se siente redondo en su apartado artístico. Y sinceramente, preferimos eso a un festival de luces innecesarias.
En el apartado sonoro, Decktamer también cumple con nota. Su música mezcla melodías misteriosas y épicas con toques electrónicos, creando una atmósfera que acompaña perfectamente cada duelo. No es de esos juegos cuya música te quedas tarareando después, pero mientras juegas encaja tan bien que cuesta imaginarlo sin ella. Los efectos de sonido, por su parte, están muy bien logrados: cada carta, cada golpe, cada criatura tiene su propio tono distintivo, y eso ayuda mucho a sentir el impacto de las decisiones. Además, el ritmo del sonido aumenta con la tensión de los combates, lo que hace que las partidas más largas sean un festival de adrenalina auditiva.

Respecto a los problemas técnicos, nos ha sorprendido gratamente lo estable que es. No hemos encontrado bugs graves ni caídas de rendimiento. Todo va fluido, los tiempos de carga son cortos y la respuesta de los controles es inmediata. Sí, puede haber algún pequeño tirón puntual o un efecto visual que se quede colgado durante un segundo, pero nada que arruine la experiencia. Es de esos juegos que, a pesar de ser indie, se sienten muy bien pulidos.
En definitiva, creemos que Decktamer es uno de esos títulos que te atrapan y te hacen pasar un buen momento. No necesita grandes cinemáticas; su magia está en la jugabilidad, en ese bucle constante de mejorar, probar y aprender. Nos ha encantado cómo combina el espíritu clásico de los juegos de cartas con un diseño moderno y dinámico, y cómo consigue ser desafiante sin dejar de ser accesible. Es de esos juegos que puedes jugar un rato corto o perderte en él durante horas, y siempre te deja con ganas de más.

No es perfecto, claro. Hay momentos en los que el azar se vuelve demasiado cruel, algunas partidas pueden sentirse algo largas y hay cartas que piden a gritos un pequeño reequilibrio. Pero incluso con eso, el resultado final es fantástico. Decktamer es divertido, adictivo y tiene una personalidad que brilla en cada partida. Si te gustan los juegos de estrategia, las cartas, la sensación de que el destino de tu partida depende de una última jugada perfecta y te encantan los monstruos y sus diseños, creemos que aquí vas a encontrar tu nueva obsesión. Y cuidado: puede que después de unas cuantas horas empieces a ver cartas incluso cuando cierres los ojos.

