Book of Travels es un pequeño MMO que se presenta desde el principio como un viaje más que como una aventura tradicional. La premisa es sencilla: creas a tu personaje, eliges su origen, sus gustos, su estilo de vida y te lanzas a recorrer un mundo pintoresco llamado Braided Shore, un lugar donde las historias no atacan a gritos, sino que susurran. En esta nueva aventura encontrarás caminos tranquilos, aldeas curiosas y personas que aparecen y desaparecen sin previo aviso, como si fueran parte del viento. La idea es que cada partida se convierta en un cuaderno de viaje, con anotaciones pequeñas que van formando una experiencia íntima, casi artesanal. Y desde ahí es donde empieza todo: desde la calma.
Desde que entramos al juego, en general sentimos que Book of Travels no intenta embaucar a nadie con discursos épicos ni tramas que buscan salvar el universo. Más bien invita a imaginar. Creemos que tal vez esa decisión puede chocar si vienes con la mentalidad de un MMO clásico, pero a nosotros nos ha parecido refrescante. No todos los juegos tienen que sacudirte a madrazos, algunos simplemente quieren acompañarte. Y este, desde el minuto uno, se acomoda a tu paso como si te dijera: “Tú camina, que yo te sigo”.

En cuanto a la historia, Book of Travels funciona como esos libros que, cuando los abres, no te dicen exactamente qué está pasando, pero aun así te quedas atrapado. La narrativa está disuelta por el mapa en forma de mensajes, encuentros breves, objetos raros o conversaciones que parecen más poesía que información. No hay un gran hilo principal que te arrastre, sino una colección de momentos que juntas poco a poco. Nos ha gustado ese enfoque porque te permite sentir que cada descubrimiento es tuyo. No te empujan, no te dan prisa, no hay marcadores que insistan en que deberías ir hacia allí o hacia allá. Simplemente vives.
También creemos que el juego tiene una forma muy particular de presentar su mundo: suave, casi tímida. Los personajes con los que te cruzas hablan en metáforas, los textos tienen esa sensación de leyenda que pasó de boca en boca y las misiones parecen más relatos que tareas. A veces es confuso, no vamos a mentir, pero suele ser un tipo de confusión agradable, como cuando te cuentan una historia y necesitas procesarla un momento antes de entenderla. Y la duración, al no ser un juego rígidamente estructurado, depende mucho del jugador. Puedes tardar horas en avanzar unos metros solo porque decides sentarte a mirar el paisaje. Y sí, lo hemos hecho. Varias veces.

En cuanto a la rejugabilidad, el título ofrece distintas combinaciones de personajes, estilos de viaje y decisiones que modifican levemente el rumbo. Pero la verdadera rejugabilidad está en encontrarte con gente diferente cada vez que entras. Es algo curioso y casi mágico: puedes cruzarte con un jugador durante unos segundos, compartir un gesto, caminar juntos por un tramo y después desaparecer para siempre. Y aun así recordar ese encuentro como si fuera significativo. Pocas veces un MMO se siente tan íntimo siendo tan silencioso.

Ahora bien, cuando hablamos de jugabilidad, aquí sí que hay mucha tela que cortar. Book of Travels es un juego pausado, sí, pero no por eso está vacío. La base jugable se construye alrededor de caminar, interactuar con NPC, resolver pequeñas situaciones y usar habilidades que funcionan como herramientas sociales o de exploración. La forma en la que tu personaje crece no es la típica de sumar puntos y volverte más fuerte, sino aprender gestos, recetas, actitudes o movimientos que te permiten abrir caminos distintos. Al principio puede resultar extraño, pero una vez encuentras el ritmo, tiene algo hipnótico.
Nos ha gustado especialmente esa sensación de estar siempre un poquito perdidos. No perdidos en plan frustración, sino perdidos en el buen sentido: como cuando vas de viaje a un sitio nuevo y decides no usar mapa. Caminas, observas, te dejas llevar y, poco a poco, empiezas a reconocer los lugares. La mecánica de energía, que se consume al usar habilidades o viajar largas distancias, añade un punto de estrategia que evita que el juego se convierta en una caminata eterna. Tienes que pensar cómo gestionar tus recursos, encontrar zonas de descanso y planificar rutas pensando en tus capacidades. Y eso crea, sin querer, una sensación de supervivencia tranquila.

Pero ojo, porque si algo tenemos claro es que Book of Travels no es para jugar con prisa. Aquí no hay combates frenéticos ni barras llenas de habilidades brillantes. Cuando hay peleas, son simples y a veces incluso torpes, y creemos que están más para complementar la ambientación que para convertirse en el centro del juego. Lo que importa realmente es cómo te relacionas con el mundo. La interfaz también ayuda: limpia, mínima, casi invisible. A veces nos ha parecido demasiado minimalista, pero hay que reconocer que mantiene ese aire “zen” que envuelve todo.
La accesibilidad es un punto interesante. No porque sea difícil de jugar, sino porque requiere paciencia, y la paciencia no siempre es fácil. La curva de aprendizaje es suave, pero también un poco difusa, como si el juego esperase que experimentes más que que entiendas. No creemos que sea un título complejo en lo técnico, pero sí exige un tipo de jugador que disfrute de la contemplación. De hecho, el mayor reto del juego probablemente sea decidir qué hacer con tanto tiempo y tanto silencio. Y entendemos que para algunas personas eso puede ser un desafío mayor que cualquier jefe final.

Pasando al apartado visual, Book of Travels es una joyita. Tiene un estilo gráfico que mezcla acuarela, ilustración y papel envejecido, logrando una estética que nos ha encantado. Pareces estar jugando dentro de un cuento artesanal. Cada zona tiene personalidad, desde bosques con tonos apagados hasta ciudades vibrantes que parecen pintadas a mano. La dirección artística es, sin duda, su punto más fuerte. Y es normal que mucha gente llegue al juego solo por sus gráficos, porque realmente entran por los ojos.
Nosotros opinamos que la manera en que las animaciones acompañan esa estética es especialmente bonita. No son hiperrealistas ni exageradas, sino suaves y delicadas. Incluso el caminar del personaje tiene un toque meditativo, como si cada paso estuviera pensado para calmar. Aunque es cierto que algunas animaciones pueden sentirse un poco rígidas, en general encajan con el tono general del juego. Y la forma en la que el escenario se abre y se cierra, como si fueran páginas, le da un toque tan particular que es difícil no mencionarlo.

En cuanto al sonido, el juego sigue la misma filosofía: menos es más. La banda sonora aparece en momentos muy concretos, con melodías suaves, casi nostálgicas. No intenta robar protagonismo, sino acompañar. Nos ha gustado mucho que no haya música constante, porque permite que el sonido ambiente tenga más peso. Escuchar pájaros, viento, pasos, ríos… al final forma parte del encanto. También los efectos sonoros son delicados y muy limpios. No hay doblaje, pero los textos están escritos de tal manera que casi no lo echas en falta. El sonido es minimalista pero efectivo.
Sobre el rendimiento, aquí es donde hemos encontrado algún altibajo. No es que el juego vaya mal, pero sí hemos notado ciertas cargas largas y pequeños tirones en zonas amplias. Nada grave, pero lo suficiente para sacarte un poco del trance relajante. Creemos que todavía le vendría bien un poco más de optimización, aunque no hemos sufrido crasheos importantes. Aun así, para un MMO que apuesta por la tranquilidad, no estaría mal que todo fuese hiperfluido para que la experiencia no se rompa ni por un segundo. Pero en general se puede jugar sin problemas.

Y con bugs nos hemos encontrado algunos menores: interacciones que tardan en aparecer, personajes que parecen quedarse trabados en un borde, cositas así. Nada que impida disfrutar, pero son detalles que esperemos vayan puliendo. Por suerte, el juego no depende de la precisión extrema, así que estos errores no arruinan la experiencia.
En conclusión, Book of Travels es un juego que nos ha gustado mucho mucho mucho por su capacidad para crear un espacio de calma dentro de un medio que suele moverse a toda velocidad. Su historia fragmentada, su jugabilidad lenta pero personal, su arte precioso y su sonido minimalista construyen una atmósfera que te invita a dejarte llevar. No es para todo el mundo, eso está claro, pero creemos que tiene un encanto muy especial. Si te gusta viajar sin mapa, conocer gente al azar y sentir que cada paso tiene un pequeño significado, entonces este juego puede convertirse en el refugio que estabas buscando.


