Desde que vimos Dark Quest 4 por primera vez, sentimos esa mezcla curiosa entre nostalgia y entusiasmo que solo aparece cuando un juego parece saber exactamente qué tipo de aventura quiere ofrecer. Ese aire de grimorio manchado, de héroes con más cicatrices que horas de descanso y de mazmorras donde nunca huele del todo bien nos llamó bastante la atención. Creemos que este tipo de propuestas, tan centradas en su tono oscuro pero sin perder ese puntito de humor involuntario que dan los héroes extremadamente serios en situaciones absurdas, siguen teniendo un atractivo único hoy en día. Y precisamente por eso empezamos esta aventura con ganas de dejarnos llevar por su fantasía de espada, brujería y decisiones mortales.
Dark Quest 4 se presenta como una continuación espiritual de la saga, aunque no hace falta haber jugado a los anteriores para entender qué narices está pasando. Al final, la esencia es la misma: un grupo de héroes intentando sobrevivir a un mundo bastante empeñado en matarlos de forma creativa. Lo que nos ha gustado es que el juego mantiene ese tono clásico de tablero donde cada paso parece tener consecuencias y donde la ambientación lo envuelve todo con un aire de cuento oscuro. Y aunque pueda sonar serio, confesamos que más de una vez nos reímos ante lo ridículamente dramático que puede llegar a ser todo.

En cuanto a su historia, es cierto que no estamos ante una narrativa épica que vaya a marcar un antes y un después en nuestras vidas, pero creemos que cumple exactamente lo que promete. Sí, hay un mal que se cierne sobre el mundo, sí, hay héroes reclutables con sus propias motivaciones, y sí, todo está contado con una solemnidad tan exagerada que se vuelve adorable. No vamos a negar que el argumento no es profundo, ya que parece la historia de un anime isekai promedio, pero funciona bien como excusa para movernos de escenario en escenario y seguir desvelando pequeños fragmentos del mundo.
Lo que más nos ha sorprendido es la forma en que el juego cuenta todo, porque juega con esa estructura de decisiones y eventos que recuerdan a un libro de aventuras donde nunca sabes si acabarás recibiendo un tesoro mágico o una paliza monumental. La historia no es larga, pero se siente lo suficientemente variada como para mantener el interés, especialmente cuando surgen eventos inesperados que nos obligan a improvisar estrategias. Aunque no tiene un gran enfoque cinematográfico, nos ha atrapado lo justo para empujarnos a seguir avanzando, incluso cuando sospechábamos que la toma de decisiones acabaría mal.

Respecto a su rejugabilidad, creemos que el título sabe cómo motivarte para volver a intentarlo. No es tanto por su historia principal, que no cambia radicalmente, sino por la forma en que los eventos, los héroes y las oportunidades estratégicas se mezclan en cada partida. Entre eso y la posibilidad de experimentar con distintos grupos, lo cierto es que cuesta dejarlo a la primera. Además, hay algo ligeramente masoquista en intentar que todo salga bien sabiendo que probablemente no será así.
Y ahora vamos con la jugabilidad, que es, sin duda, el corazón del juego y la parte donde más nos hemos entretenido. Dark Quest 4 combina exploración, gestión del grupo y combates tácticos por turnos en un formato bastante directo, pero no por ello menos adictivo. Lo que opinamos es que la estructura en capítulos y mazmorras funciona estupendamente para mantener el ritmo, y cada recorrido se siente como una pequeña expedición donde cada decisión importa. La mecánica de avanzar casilla a casilla, encontrarte con eventos y enfrentarte a desafíos da una agradable sensación de peligro constante.

La variedad de héroes nos ha parecido uno de los elementos más llamativos del juego. Cada uno tiene habilidades únicas que realmente cambian la forma de jugar, desde guerreros resistentes hasta hechiceros capaces de arrasar grupos enteros si están bien posicionados. Además, las sinergias entre ellos ofrecen pequeñas capas tácticas que, sin volverse excesivamente complejas, mantienen la frescura durante buena parte de la aventura. No podemos negar que hemos pasado más tiempo del que queríamos decidiendo qué personaje llevar y cuál dejar descansando.
A nivel de fluidez, la jugabilidad se siente cómoda, aunque no especialmente innovadora. No es un título que venga a reinventar el combate táctico, pero creemos que lo que hace, lo hace bien. Los enfrentamientos son rápidos, algo que agradecemos enormemente porque evitan que el ritmo decaiga. Eso sí, si esperabas animaciones espectaculares o mecánicas rarísimas, quizá te quedes a medias. Aquí lo más espectacular es ver cómo un crítico inesperado salva una situación desesperada mientras tú haces como si lo hubieras planeado desde el principio.

También nos ha parecido un juego accesible. No quiere complicarte la existencia con sistemas densísimos ni mil estadísticas que analizar. Puedes aprender lo básico en unos minutos y, sin embargo, hay suficiente profundidad para los jugadores que disfrutan exprimiendo cada pequeña ventaja posible. El equilibrio entre accesibilidad y estrategia está bastante bien medido, lo que hace que tanto principiantes como veteranos puedan disfrutarlo sin sentirse fuera de lugar.
Eso sí, no podemos negar que en ciertos momentos la dificultad pega algún que otro salto que nos dejó con cara de “qué acaba de pasar”. Algunos combates pueden ser sorprendentemente duros, especialmente si tomas decisiones impulsivas durante la exploración. Creemos que esto forma parte del encanto del juego, ese toque roguelike disfrazado que te invita a aprender a golpes. Literalmente. Pero entendemos que puede resultar frustrante para quienes buscan una experiencia más relajada.

Pasando al apartado gráfico, nos hemos encontrado con un estilo visual bastante particular. Dark Quest 4 apuesta por ilustraciones de corte oscuro, con escenarios llenos de sombras y detalles que recuerdan a un libro de fantasía antigua. Esta estética le sienta de maravilla al tono del juego, porque transmite esa sensación de aventura peligrosa y misteriosa sin necesidad de grandes alardes visuales. No es un título que busque fotorrealismo ni efectos exagerados, sino que mantiene una identidad coherente y muy marcada.
Lo que más destaca son las ilustraciones de personajes y enemigos, que están llenas de personalidad. Cada héroe parece sacado de una historia distinta, pero todos encajan dentro del mismo mundo gracias a esa estética casi de caricatura oscura. Las animaciones son sencillas, pero cumplen adecuadamente con su función. Aunque podrían ser más elaboradas, no llegan a afectar a la experiencia general, especialmente si tenemos en cuenta el enfoque táctico del juego.

La ambientación nos ha gustado mucho. No pretende deslumbrar, pero sí envolver. Las mazmorras, los rituales, las hogueras y los artefactos encantados tienen ese toque sucio y envejecido que ayuda a meterse en la atmósfera. Sentimos que cada escenario tiene suficiente identidad para diferenciarse, incluso sin un exceso de complejidad visual. Y, sinceramente, agradecemos que el juego haya optado por una dirección artística sólida en lugar de algo más genérico.
En el apartado sonoro, el juego cumple sin demasiados sobresaltos, aunque debemos admitir que nos ha dejado sensaciones positivas. La banda sonora acompaña muy bien la ambientación, con melodías oscuras y un toque ritualista que combina perfectamente con la temática. No es una banda sonora que vayamos a tararear semanas después, pero sí aporta un trasfondo que realza la tensión y la atmósfera de misterio.

Los efectos de sonido están bien integrados. Los ataques, la magia y las interacciones con el entorno tienen un impacto claro sin resultar sobrecargados. Creemos que cumplen su función de forma más que correcta, dando un poco más de vida a los combates y eventos del juego. No hay doblaje como tal, y aunque habría sido un añadido interesante, tampoco llegamos a echarlo demasiado en falta gracias al estilo narrativo del título.
En cuanto al rendimiento, hemos tenido una experiencia bastante estable. El juego se siente pulido y no nos hemos encontrado con bugs importantes durante nuestras sesiones. Puede que en algún momento puntual notáramos una pequeña ralentización al cargar ciertos elementos, pero nada que afectara realmente al desarrollo de la partida. En general, está mucho mejor optimizado de lo que esperábamos, especialmente teniendo en cuenta su estructura por partidas.

Los tiempos de carga son razonables y la navegación por los menús es rápida. No hemos sufrido crasheos ni problemas graves, lo cual siempre es un alivio en un género donde perder el progreso puede romperte el alma en mil fragmentos. Si tenemos que ponerle una pega, quizá sería que la interfaz podría ser un poco más clara en algunos apartados, pero es una cuestión menor que no empaña el conjunto.
En conclusión, Dark Quest 4 nos ha parecido una propuesta muy sólida dentro del género táctico, con un toque clásico que nos ha gustado bastante. La historia, sin ser espectacular, acompaña adecuadamente y aporta el contexto necesario para que la aventura tenga sentido. La jugabilidad, que es el núcleo del juego, está bien equilibrada entre accesibilidad y profundidad, ofreciendo combates ágiles y decisiones constantes que mantienen la emoción. Los gráficos tienen una estética muy marcada que encaja a la perfección con la atmósfera oscura del mundo, mientras que el sonido acompaña de manera efectiva sin buscar protagonismo.

Todo esto, unido a un rendimiento estable y a una ambientación que atrapa más de lo esperado, hace que opinemos que Dark Quest 4 es una experiencia muy disfrutable para quienes buscan un juego táctico directo, con personalidad y sin complicaciones innecesarias. Quizás no revolucione nada, pero lo que hace, lo hace bien.

