Cuando uno se sienta frente a Warhammer 40,000: Space Marine 2 lo primero que piensa no es tanto en si va a ser divertido o no, sino en si va a estar a la altura del legado que tiene detrás. Porque este no es solo otro videojuego de acción, es la continuación directa de un título que, para muchos, supo capturar como pocos la fantasía de sentirse un auténtico marine espacial, con armadura gigantesca, y armas aún más grandes. Aquí no hay medias tintas: o funcionaba, o se estrellaba. Por suerte, nuestra sensación general es que el juego sabe exactamente lo que quiere ser y no se desvía demasiado del camino, algo que en este universo ya es decir bastante.
Desde el primer momento en el que nos pusimos a jugar a Warhammer 40,000: Space Marine 2, quedó bastante claro que este no es un juego que quiera andar con rodeos ni pedir permiso. Aquí no hay introducciones largas ni personajes dudando de su destino. Esto va de encarnar a un Ultramarine, una mole de músculo, fe ciega y armadura exageradamente grande, y lanzarlo de cabeza a un conflicto donde la única solución aceptable es eliminar absolutamente todo lo que se mueva… y, si no se mueve, comprobar primero si realmente está muerto.

Desde el primer minuto queda claro de qué va la cosa. Encarnamos de nuevo a un marine espacial enfrentándose a amenazas colosales en un mundo que parece diseñado para recordarte constantemente que la humanidad vive al borde del abismo y que todo es exagerado por definición. El juego no necesita excusas elaboradas: hay enemigos, muchos, y todos merecen una muerte rápida y ruidosa. Aun así, creemos que Space Marine 2 intenta ir un paso más allá respecto a su predecesor, tanto a nivel de presentación como de ambición, buscando ofrecer una experiencia más grande, más intensa y también más variada, algo que se agradece teniendo en cuenta lo lineal que podía resultar el original en ciertos tramos.
La historia vuelve a ser un elemento importante, aunque no necesariamente profundo. Nos encontramos ante un relato que sirve como motor de la acción, no como su principal reclamo. Todo gira en torno al deber, la supervivencia y la guerra constante contra amenazas que parecen no tener fin. No es una narrativa que busque sorprender con giros imposibles o decisiones morales complejas, sino una que abraza sin complejos los clichés del universo Warhammer 40,000. Y sinceramente, creemos que es justo lo que tiene que hacer. No todos los juegos necesitan ponerse filosóficos; algunos solo necesitan saber contar bien su fantasía.

La forma en la que se nos presenta la historia resulta bastante directa. Cinemáticas contundentes, diálogos sobrios y una puesta en escena que prioriza el espectáculo. Nos ha gustado que no se pierda tiempo innecesario entre misión y misión, permitiendo que el ritmo se mantenga alto durante casi toda la campaña. Aun así, hay momentos en los que el juego se permite bajar un poco las revoluciones para mostrar el estado del mundo, las consecuencias del conflicto o la escala de lo que está en juego, y esos instantes funcionan muy bien para que no todo sea disparar sin pensar.
En cuanto a duración, la campaña se siente sólida sin hacerse eterna. No es un juego que vaya a durante meses, pero sí ofrece suficientes horas como para que la experiencia se sienta completa y satisfactoria. Además, creemos que la rejugabilidad está bastante bien planteada, ya sea por la propia estructura de las misiones, los distintos niveles de dificultad o los modos adicionales que invitan a volver al campo de batalla. No es solo acabarlo y olvidarlo, sino más bien terminarlo y plantearte una segunda vuelta con ganas de hacerlo mejor y más rápido.

Si hay un apartado que realmente define a Space Marine 2, ese es sin duda la jugabilidad. Aquí es donde el juego se la juega de verdad y donde, en nuestra opinión, han dado en el clavo. El núcleo jugable sigue siendo una mezcla muy contundente de disparos en tercera persona y combate cuerpo a cuerpo, con una sensación de peso constante en cada movimiento. No eres un soldado ágil y frágil, eres un tanque con piernas, y el control transmite exactamente eso. Cada paso, cada golpe y cada disparo se sienten deliberados, casi ceremoniales.
El sistema de combate resulta sorprendentemente fluido para lo pesado que es el protagonista. Cambiar entre armas de fuego y ataques cuerpo a cuerpo es natural, y el juego te anima constantemente a alternar entre ambos estilos para sobrevivir. No basta con quedarse atrás disparando, ni lanzarse a lo loco con la espada. Hay un equilibrio muy bien medido que obliga a leer la situación, gestionar el espacio y decidir cuándo avanzar y cuándo resistir. Nos ha gustado mucho cómo el juego recompensa la agresividad bien entendida, sin castigar al jugador de forma injusta.

Con respecto a la variedad, creemos que el juego cumple con nota. Hay suficientes armas, enemigos y escenarios como para que la acción no se vuelva monótona demasiado pronto. Cada tipo de enemigo exige una aproximación distinta, y aunque al final todo se resuelve con violencia extrema, el camino hasta esa violencia cambia lo justo como para mantener el interés. Es cierto que en algunos tramos puede aparecer una ligera sensación de repetición, sobre todo en combates muy largos, pero rara vez llega a hacerse pesada.
Otro punto a destacar es la accesibilidad. Space Marine 2 no es un juego excesivamente complejo de aprender, pero sí tiene margen para dominarlo. Los controles son claros, las mecánicas están bien explicadas y el ritmo de introducción de nuevas habilidades es bastante amable. Esto hace que tanto jugadores veteranos como recién llegados puedan disfrutarlo sin sentirse abrumados. Al mismo tiempo, subir la dificultad convierte el juego en un desafío serio, donde cada error se paga caro y no vale ir pulsando botones sin pensar.

El diseño de niveles acompaña muy bien a la acción. Los escenarios son amplios cuando deben serlo y más cerrados cuando conviene. Esto permite momentos de auténtica épica, con hordas de enemigos viniendo desde todos los ángulos, así como enfrentamientos más tácticos donde hay que aprovechar coberturas y gestionar prioridades. El juego sabe cuándo apretar y cuándo dar un respiro, algo fundamental para que la experiencia no acabe resultando agotadora.
A nivel gráfico, Space Marine 2 es un espectáculo bastante impresionante. El estilo visual encaja perfectamente con el universo que representa, apostando por escenarios masivos, arquitectura imponente y enemigos grotescos y detallados. Todo transmite una sensación constante de decadencia y guerra interminable, y creemos que ese es uno de los grandes logros del apartado artístico. No es solo bonito, es coherente y muy atmosférico.

Las animaciones merecen una mención especial. Los movimientos del protagonista, los remates cuerpo a cuerpo y las reacciones de los enemigos están muy trabajados. Hay una brutalidad muy física en cada combate, y eso ayuda muchísimo a sentir el peso de cada acción. Ver a un marine espacial avanzar entre disparos y criaturas sin apenas inmutarse nunca deja de ser satisfactorio, incluso después de muchas horas.
En cuanto al diseño artístico, el juego no busca reinventar la rueda, sino perfeccionar lo que ya funciona. Colores oscuros, contrastes fuertes y una dirección visual que apuesta por el exceso sin complejos. Todo está diseñado para que te sientas pequeño frente al conflicto, a pesar de manejar a uno de los seres más poderosos del campo de batalla. Y sí, es una contradicción muy Warhammer, pero funciona de maravilla.

El sonido es otro de esos apartados que suma muchísimo al conjunto. La banda sonora acompaña perfectamente la acción, con temas épicos que suben en intensidad durante los combates y se relajan lo justo entre misiones. No creemos que sea una música que vayas a tararear al apagar la consola, pero sí cumple su función a la perfección mientras juegas, que al final es lo importante.
Los efectos de sonido están especialmente bien conseguidos. Cada arma suena como debería, con disparos contundentes y explosiones que hacen temblar el escenario. Los golpes cuerpo a cuerpo también tienen un impacto sonoro que refuerza la sensación de poder del protagonista. Todo suena grande, pesado y peligroso, exactamente como uno esperaría en este tipo de juego.
En cuanto al doblaje, creemos que cumple con nota. Las voces son serias, contundentes y encajan con el tono general del juego. No hay lugar para bromas ni ligereza en los diálogos, lo cual puede parecer excesivo para algunos, pero encaja perfectamente con el universo y el tipo de historia que se quiere contar. Aquí no se viene a reír, se viene a cumplir el deber, aunque luego nosotros hagamos alguna broma desde el sofá.

A nivel técnico, nuestra experiencia ha sido bastante positiva en general. El rendimiento se mantiene estable incluso en los momentos más caóticos, con muchos enemigos en pantalla y efectos por todos lados. No hemos encontrado bugs graves ni problemas que rompan la experiencia de forma notable, lo cual siempre es un alivio hoy en día. Puede haber pequeños fallos puntuales, pero nada que empañe el conjunto.
La optimización nos ha parecido correcta, con tiempos de carga razonables y una estabilidad general bastante sólida. No es un juego perfecto desde el punto de vista técnico, pero sí lo suficientemente pulido como para que no tengas que estar pensando en problemas mientras juegas. Y eso, sinceramente, es algo que valoramos mucho más de lo que parece.
En conclusión, creemos que Warhammer 40,000: Space Marine 2 es una secuela que entiende muy bien qué hizo especial al original y sabe cómo expandir esa fórmula sin traicionarla. La historia cumple, la jugabilidad destaca por encima de todo, el apartado audiovisual es contundente y el conjunto se siente sólido y honesto con lo que propone. No intenta ser algo que no es, y eso en un panorama tan saturado como el actual se agradece muchísimo.

Nos ha gustado especialmente cómo el juego logra hacernos sentir poderosos sin perder el desafío, cómo equilibra acción y ritmo y cómo presenta un universo tan exagerado sin caer en la parodia involuntaria. No es un juego para todo el mundo, pero sí es una experiencia muy recomendable para quienes buscan acción directa, intensa y sin concesiones. En definitiva, una carta de amor a los marines espaciales y a todos los que alguna vez quisieron ser uno, aunque solo fuera durante unas cuantas horas.

