Abra-Cooking-Dabra: cuando la cocina se mezcla con magia (y algo de caos)

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Abra-Cooking-Dabra no pierde el tiempo en presentaciones enrevesadas ni cinemáticas eternas. Desde el primer minuto deja claro su planteamiento: esto va de cocinar, pero no en una cocina normal y corriente, sino en un caos absoluto lleno de magia, hechizos que salen mal y compañeros que probablemente gritarán más de lo necesario. Nos ponemos en la piel de aprendices de mago que, en lugar de lanzar bolas de fuego épicas, se dedican a preparar platos mágicos a contrarreloj, mezclando ingredientes imposibles mientras el entorno conspira activamente para que todo salga mal. Y lo decimos así porque, en este juego, todo está diseñado para que todo salga un poquito mal… y ahí está la gracia.

La premisa es sencilla y bastante honesta. No pretende contarnos una gran epopeya ni una narrativa profunda sobre el destino del mundo. Abra-Cooking-Dabra entiende desde el principio cuál es su objetivo: crear situaciones divertidas, al borde del desastre constante, y apoyarse en la cooperación y el caos compartido. Es un concepto que recuerda a otros juegos de cocina cooperativos, pero con un giro mágico muy marcado que le da personalidad propia. Aquí no solo cortamos verduras, también lanzamos hechizos, estabilizamos calderos encantados y corremos como pollos sin cabeza para evitar que todo explote.

En cuanto a historia, el juego no busca ser protagonista en este aspecto, pero tampoco está completamente ausente. Hay un contexto ligero que justifica lo que sucede: una academia de magia donde, por razones que nadie sabe, los estudiantes deben aprobar cocinando recetas hechizadas en entornos cada vez más absurdos. No hay una trama compleja ni giros inesperados, pero sí pequeños detalles y situaciones que ayudan a darle cohesión al conjunto. Es una decisión acertada, porque una narrativa pesada habría ido en contra del espíritu desenfadado del juego.

La forma en que se cuenta esta “historia” es mínima y funcional. No hay largas conversaciones ni textos interminables, sino pinceladas aquí y allá que te sitúan y listo. Nos ha parecido suficiente, porque Abra-Cooking-Dabra no necesita más. El foco está claramente en la experiencia jugable y en las situaciones que surgen entre los jugadores. La duración dependerá mucho de cuánto quieras exprimirlo, ya que completar todos los niveles puede llevar unas cuantas horas, pero el verdadero valor está en la repetición y en jugarlo con distintas personas. Cada partida acaba siendo diferente, aunque el objetivo sea el mismo.

Y es que si hay algo que define a Abra-Cooking-Dabra es su jugabilidad. Aquí es donde el juego realmente saca pecho. Las mecánicas básicas son fáciles de entender: recoger ingredientes, procesarlos, combinarlos según la receta y entregarlos a tiempo. Hasta aquí, todo parece bastante estándar. Sin embargo, cuando entra en juego la magia, todo se complica de la mejor manera posible. Hechizos que alteran el entorno, herramientas que cambian su comportamiento y cocinas que parecen diseñadas por alguien con muy poco aprecio por la seguridad laboral.

El control es sencillo y accesible, algo que agradecemos mucho. En cuestión de minutos ya sabes moverte, interactuar con objetos y lanzar hechizos. Esto permite que cualquiera pueda sumarse a una partida sin sentirse perdido, incluso aunque no tenga mucha experiencia en videojuegos. Pero que sea accesible no significa que sea fácil. A medida que avanzamos, el juego introduce nuevas mecánicas y situaciones que exigen coordinación real entre los jugadores. Aquí no vale ir por libre: o trabajáis juntos, o el desastre está garantizado.

La dificultad está muy bien medida. Al principio todo parece manejable y casi relajado, pero poco a poco el ritmo aumenta, las cocinas se vuelven más hostiles y las recetas más exigentes. Nos ha gustado especialmente cómo el juego consigue que el caos sea progresivo. No te lanza al abismo de golpe, sino que te empuja suavemente… hasta que estás gritando porque alguien ha convertido la cocina en una dimensión alternativa por usar mal un hechizo. Y sí, suele ser culpa de alguien en concreto, aunque nunca se confiese.

En cuanto a si resulta repetitivo, creemos que depende mucho de cómo lo juegues. En solitario puede perder parte de su encanto relativamente pronto, aunque sigue siendo funcional. Sin embargo, en cooperativo, especialmente en local o con amigos, gana muchísimos puntos. El diseño de niveles introduce suficientes variantes como para que cada cocina tenga su propia identidad y retos específicos. No es solo cambiar el decorado; cambian las prioridades, los riesgos y la forma de organizarse.

El componente cooperativo es, sin duda, el alma del juego. Abra-Cooking-Dabra brilla cuando se juega acompañado, porque está claramente diseñado para generar situaciones absurdas y momentos memorables. Nos ha sacado más de una carcajada viendo cómo una partida perfectamente organizada se venía abajo por un pequeño error que desencadenaba una reacción en cadena. Es de esos juegos que se disfrutan tanto jugando como recordando lo que ha pasado después.

Visualmente, Abra-Cooking-Dabra tiene un estilo claramente cartoon, muy colorido y expresivo. No busca el realismo. Los personajes son caricaturescos, con animaciones exageradas que encajan perfectamente con el tono humorístico del juego. Nos ha gustado mucho cómo todo está diseñado para ser fácilmente legible incluso en mitad del caos. Sabes dónde están los ingredientes, qué herramientas usar y qué está a punto de explotar, que ya es bastante mérito.

La dirección artística acompaña muy bien la propuesta. Cada escenario tiene personalidad propia y se nota el esfuerzo por no reutilizar ideas de forma descarada. Hay cocinas flotantes, espacios inestables y lugares que parecen directamente sacados de una pesadilla culinaria mágica. Todo esto contribuye a que el juego mantenga el interés visual durante bastante tiempo. No es espectacular a nivel técnico, pero es coherente y cumple su función con creces.

El sonido es otro de los apartados que ayudan mucho a crear ambiente. La banda sonora es ligera y animada, diseñada claramente para acompañar la acción sin robar protagonismo. No creemos que sea especialmente memorable por sí sola, pero cumple perfectamente su propósito y no se vuelve molesta tras varias horas de juego, que ya es decir bastante en títulos de este tipo.

Los efectos de sonido están muy bien trabajados. Cada acción tiene su respuesta auditiva, y esto es clave en un juego tan caótico. Los sonidos de alerta, explosiones, hechizos y platos fallidos ayudan constantemente a saber qué está pasando sin necesidad de mirar a todas partes. Además, los pequeños detalles sonoros aportan mucho humor a la experiencia, reforzando ese tono desenfadado que define al juego.

En cuanto al apartado técnico, nuestra experiencia ha sido bastante estable. No nos hemos encontrado con errores graves ni problemas que arruinen la partida. Algún fallo puntual puede aparecer, como pequeñas colisiones raras o comportamientos extraños de los objetos, pero nada que no encaje, irónicamente, con el propio caos del juego. El rendimiento es sólido incluso en situaciones con muchos elementos en pantalla, algo que se agradece mucho.

Eso sí, no es un juego especialmente exigente gráficamente, lo que facilita que funcione bien en la mayoría de equipos. Los tiempos de carga son razonables y no rompen el ritmo, algo importante cuando se juega en sesiones cortas o con amigos con poca paciencia. En general, nos ha dado la sensación de ser un título bien pulido, consciente de sus limitaciones y de sus prioridades.

Llegados al final, creemos que Abra-Cooking-Dabra es un juego muy honesto con lo que propone. No intenta engañar al jugador prometiendo algo que no es. Es un título pensado para divertirse, para reírse de los errores propios y ajenos, y para disfrutar del caos controlado que solo los buenos juegos cooperativos saben ofrecer. No es una experiencia profunda ni pretende marcar un antes y un después en el género, pero tampoco lo necesita.

Si buscas un juego para jugar en compañía, pasar un buen rato y gritarle a tus amigos mientras todo se va al garete, aquí hay una propuesta muy sólida. Nos ha gustado especialmente su ritmo, su accesibilidad y cómo aprovecha el componente mágico para diferenciarse dentro de un género bastante concurrido. Abra-Cooking-Dabra entiende perfectamente que su mayor fortaleza está en las personas que lo juegan juntas, y construye toda su experiencia alrededor de eso.

En definitiva, es un juego que sabe lo que quiere ser y lo ejecuta con bastante acierto. No ofrece una historia memorable ni una profundidad mecánica exagerada, pero a cambio entrega diversión directa, momentos absurdos y muchas risas. Y, al final del día, creemos que eso es exactamente lo que promete… y lo que cumple.