Hay juegos que te ponen en la piel del héroe, otros te convierten en el villano… y luego está Goblin Cleanup, que decide ignorar por completo la épica y te manda directo a limpiar el desastre que dejan los demás. Llegas cuando todo ha terminado, cuando el dungeon está destrozado, los enemigos muertos siguen tirados por el suelo y alguien tiene que fregar la sangre. Y sí, ese alguien eres tú. La premisa ya nos ganó una sonrisa desde el primer minuto, porque no se toma demasiado en serio y sabe perfectamente lo absurda que es su propuesta.
Goblin Cleanup se presenta como una simulación en primera persona centrada en la limpieza y la gestión del caos en mazmorras de fantasía. Somos parte de una empresa especializada en dejar los calabozos “como nuevos” después del paso de aventureros, demonios, trampas fallidas y combates que claramente no acabaron bien. Desde el inicio el juego deja claro su tono: humor desenfadado, situaciones ridículas y una narrativa más ambiental que directa, que se va construyendo mientras friegas, arrastras cadáveres y te preguntas por qué aceptaste este trabajo.

La historia, si se puede llamar así, no es el centro de la experiencia, pero tampoco está completamente ausente. No hay cinemáticas largas ni grandes giros argumentales, pero el juego construye su mundo a base de pequeños detalles, comentarios, objetos y el propio diseño de los escenarios. Sabemos que existe una industria entera dedicada a limpiar después de las gestas heroicas, y solo eso ya dice mucho del universo en el que se mueve el juego. Nos ha gustado que no intente forzar una narrativa tradicional, porque este tipo de propuesta funciona mejor cuando deja espacio al jugador para imaginar.
Aun así, el contexto está ahí y se agradece. Cada mazmorra parece haber sido escenario de una aventura distinta, con pistas de lo que ocurrió antes de nuestra llegada: cuerpos apilados, trampas activadas, habitaciones quemadas o completamente inundadas. El juego consigue que, sin decirte nada de forma explícita, te montes tu propia película mental sobre lo que pasó. No es una historia que te atrape por giros o personajes, pero sí por curiosidad y por el placer de reconstruir el desastre.

En cuanto a duración, Goblin Cleanup no es excesivamente largo, pero tampoco se siente corto. Las misiones tienen una estructura clara y el juego avanza introduciendo nuevas herramientas, situaciones y obstáculos que evitan que todo se sienta igual desde el principio hasta el final. Además, el propio carácter de simulador hace que la rejugabilidad dependa mucho de cómo te tomes cada encargo: ir rápido y chapucero o tomarte tu tiempo y dejar todo impecable.
Donde el juego realmente se la juega es en la jugabilidad, y aquí es donde más tiempo hemos pasado y más cosas hay que comentar. Goblin Cleanup se basa en una serie de mecánicas sencillas pero bien encajadas: limpiar manchas, recoger restos, trasladar objetos, gestionar el espacio y usar herramientas específicas para cada tipo de suciedad o problema. A nivel básico, todo es muy fácil de entender, y eso es un punto a favor, porque no necesitas un manual de veinte páginas para empezar a jugar.

El núcleo jugable gira en torno a interactuar físicamente con el entorno. No basta con pulsar un botón mágico que lo limpia todo. Hay que fregar, arrastrar, lanzar, vaciar cubos, mover cadáveres demasiado grandes para tu gusto y apagar incendios que aparecen cuando menos te lo esperas. El juego apuesta fuerte por las físicas, y eso genera tanto momentos muy satisfactorios como situaciones caóticas que acaban en desastre absoluto. Y sinceramente, esas catástrofes accidentales son parte del encanto.
Nos ha gustado especialmente cómo el juego convierte tareas repetitivas en algo casi terapéutico… hasta que deja de serlo. Estás limpiando tranquilamente una sala, todo va bien, y de repente pateas sin querer una antorcha, se prende fuego una alfombra y la cosa se va de madre. Ese equilibrio entre control y caos está muy bien logrado y evita que la experiencia se vuelva monótona demasiado pronto.

En términos de dificultad, Goblin Cleanup no busca castigarte en exceso, pero tampoco es un paseo constante. Hay presión por tiempo, por recursos y por mantener un mínimo de orden, sobre todo en misiones más avanzadas donde los escenarios se vuelven más grandes y complejos. Fallar suele traducirse más en perder eficiencia que en un “game over” frustrante.
La accesibilidad es bastante buena. Los controles son intuitivos y la curva de aprendizaje está bien medida. Al principio todo es más simple, casi relajante, y poco a poco el juego va añadiendo capas que te obligan a pensar mejor cada acción. No es especialmente innovador en sus mecánicas, pero combina elementos de simulador con humor y físicas de una forma bastante efectiva.

Visualmente, Goblin Cleanup apuesta por un estilo que no busca el realismo extremo, pero sí la claridad. Los escenarios son coloridos, exagerados y muy expresivos, lo cual ayuda mucho a identificar qué está limpio, qué no y qué está a punto de explotar o incendiarse. Nos ha gustado esa dirección artística desenfadada, que encaja perfectamente con el tono del juego.
El diseño de las mazmorras es variado y funciona tanto a nivel estético como jugable. Cada sala tiene personalidad y te plantea pequeños retos distintos, ya sea por la disposición del espacio, la cantidad de restos o los peligros ambientales. A nivel técnico, no es un despliegue gráfico impresionante, pero tampoco lo necesita. El objetivo es que todo sea legible y divertido de interactuar, y en eso cumple.

Las animaciones, aunque sencillas, son efectivas. Ver cómo los objetos reaccionan a tus acciones, cómo se mueven los líquidos o cómo el caos se propaga cuando algo sale mal aporta mucha vida al conjunto. El juego se apoya mucho en esas reacciones para generar humor emergente, y creemos que es una de sus mayores fortalezas visuales.
El sonido acompaña muy bien a todo esto. Los efectos de sonido son claros, exagerados cuando hace falta y ayudan constantemente a entender lo que está pasando incluso cuando no estás mirando directamente. El chapoteo de los líquidos, los golpes de objetos pesados o el crepitar del fuego están muy bien integrados y refuerzan esa sensación de estar manejando un entorno vivo.
La banda sonora, por su parte, es discreta pero efectiva. No busca protagonismo ni melodías épicas, sino acompañar el ritmo de la limpieza sin distraer. Creemos que es una buena decisión, porque deja que los sonidos del entorno sean los auténticos protagonistas. No es una música que recuerdes tarareando al acabar, pero cumple su función sin molestar.
En cuanto a doblaje, no es un aspecto central del juego, y está bien que sea así. Los pocos elementos sonoros relacionados con personajes o avisos cumplen su cometido, manteniendo siempre ese tono ligero y un poco absurdo que define al juego desde el principio.

A nivel técnico, Goblin Cleanup nos ha dejado una sensación bastante positiva. No hemos experimentado errores graves que rompan la partida ni crasheos frecuentes. Como buen simulador con físicas, hay momentos en los que el motor se vuelve un poco loco, pero muchas veces eso acaba siendo más divertido que frustrante. Algún objeto rebelde o comportamiento extraño aparece de vez en cuando, pero rara vez arruina la experiencia.
El rendimiento es sólido en general, incluso en situaciones donde la pantalla está llena de objetos, líquidos y efectos. Es evidente que el juego está pensado para gestionar bien ese tipo de caos, y eso se agradece. Puede haber alguna caída puntual de rendimiento en los momentos más extremos, pero nada que nos haya sacado realmente de la partida.

Llegando al final, creemos que Goblin Cleanup es un juego que sabe perfectamente lo que quiere ser y no intenta aparentar otra cosa. No es una epopeya, no es un simulador ultra realista ni una experiencia profundamente narrativa. Es un juego simpático, divertido y sorprendentemente absorbente, que convierte una tarea mundana en algo entretenido gracias a buenas mecánicas y mucho sentido del humor.
Nos ha gustado su jugabilidad accesible pero con suficiente profundidad como para no cansar rápido, su apartado visual coherente y su uso del caos como herramienta en lugar de problema. Es de esos juegos que no te cambian la vida, pero que se te quedan grabados por lo bien que funcionan en conjunto.

En conclusión, Goblin Cleanup nos ha parecido una propuesta fresca dentro del género de simulación, con personalidad propia y muy consciente de sus límites. No reinventa la rueda, pero la limpia bastante bien, que ya es decir. Si te atrae la idea de limpiar mazmorras en lugar de conquistarlas, y te gusta el humor que nace del desastre, aquí tienes un juego que cumple justo lo que promete. Y a veces, eso es exactamente lo que se necesita.

