Empiezan muchos juegos intentando que desconectemos, pero Nice Day for Fishing se toma esa misión tan en serio que casi parece que nos guiñe un ojo antes de lanzarnos la caña. Desde el primer minuto sentimos que este título quiere que nos relajemos, pero tampoco demasiado, porque detrás de su aparente calma esconde una vibra extraña que nos ha hecho gracia más de una vez. Y ya con eso, pensamos que la propuesta tiene personalidad desde el minuto cero, incluso si juega en un terreno que podría parecer familiar. Lo interesante es que consigue darle su propio giro, como si estuviera invitándonos a participar en un pequeño ritual cotidiano donde la pesca es solo la superficie de algo un poco más peculiar.
Nice Day for Fishing parte de una idea tan absurda como brillante: ¿qué pasaría si el típico personaje secundario que siempre está pescando en un pueblo tranquilo tuviera que salvar el mundo… sin dejar la caña? Eso es exactamente lo que le ocurre a Baelin, un pescador de Honeywood que pasa de preocuparse por el tamaño del pez del día a convertirse, muy a su pesar, en el último rayo de esperanza de Azerim. Aquí la épica no llega con espadas legendarias ni discursos grandilocuentes, sino con anzuelos, carretes y mucha paciencia, porque cada pez es básicamente un enemigo con malas pulgas, ataques propios y cero ganas de colaborar.

Lo que parece un juego relajado de pesca se transforma rápidamente en una aventura RPG disfrazada, donde mejorar el equipo, aprender habilidades y reconstruir el pueblo va de la mano con seguir lanzando la caña como si no hubiera un mañana, aunque el mundo se esté yendo un poco al garete. Y lo mejor es que el juego es muy consciente de lo ridículo de la situación y lo abraza sin complejos, haciendo que salvar el mundo mientras pescas resulte tan divertido como inesperadamente heroico.
Lo que más nos ha sorprendido en esta introducción es cómo el juego mezcla esa sensación de paz con un tono casi humorístico. Es como si supiera que venimos buscando un descanso, pero aun así no puede evitar lanzarnos preguntas entre líneas. Creemos que ahí está parte de su encanto inicial, en esa forma aparentemente simple de invitarnos a su mundo. Y aunque no pretende impresionar con fuegos artificiales, sí consigue que queramos quedarnos un rato más, como cuando te sientas en un muelle sin saber muy bien por qué, pero aun así te quedas porque el sitio tiene algo. Y a veces, ese “algo” es suficiente para dejarnos atrapados sin darnos cuenta.

En cuanto a la historia, lo primero que hay que aclarar es que Nice Day for Fishing no intenta engañar a nadie: no viene a contarnos una epopeya gigantesca, pero tampoco se limita a ser un simulador sin alma. Lo que ofrece es una narrativa ligera que avanza a su propio ritmo, siempre acompañándonos sin forzarnos a prestar más atención de la que queramos. Nos ha gustado que, pese a ser modesta, consigue crear una atmósfera intrigante, una sensación de que cada conversación y cada detalle podrían significar algo más. Y aunque no intenta ser el centro de la experiencia, aporta un marco agradable para todo lo que hacemos alrededor del muelle.
La forma en que la historia está contada también resulta bastante agradable. Va soltando pequeñas piezas, como migas de pan flotando en el agua, y depende de nosotros decidir qué recoger. Esa libertad narrativa hace que sintamos que estamos dando un paseo, no asistiendo a una conferencia. Y aunque su duración es breve, creemos que le sienta bien: no intenta alargarse artificialmente ni dar vueltas innecesarias. Además, cuenta con pequeños detalles opcionales que animan a rejugarla, incluso si es solo por esa curiosidad de ver qué más puede enseñarnos o qué pescado raro podemos encontrar que no vimos la primera vez.

Pero vamos al pescado grande: la jugabilidad. Aquí es donde Nice Day for Fishing muestra sus verdaderas cartas, y la verdad es que nos ha sorprendido para bien. A simple vista parece un juego de pesca tranquilo, de los que invitan a desconectar mientras recoges capturas una tras otra. Y sí, cumple con eso, pero también añade pequeños giros que le dan un toque más interesante. La mecánica básica de lanzar el sedal, esperar y recoger es sencilla y accesible, perfecta para cualquiera. Aun así, hay pequeños matices en el comportamiento de los peces, en el momento de tensar la caña y en la forma de elegir dónde lanzar que hacen que el proceso no sea tan automático como podría parecer. Y ese detalle se agradece mucho.
Lo que más destaca es el equilibrio entre relax y diversión. No es un juego frenético, pero tampoco se queda dormido en los laureles. Cada acción se siente fluida y responde bien, y eso hace que la experiencia avance con naturalidad. Incluso cuando nos repetimos pescando en las mismas zonas, siempre hay algún detalle o comentario interesante. Además, el control es intuitivo, y nos alegra decir que no hemos tenido que pelear con la interfaz, algo que en este género puede volverse un problema inesperado. Aquí todo está dispuesto para que podamos jugar sin complicaciones, como si el juego nos dijera: “Tú haz lo tuyo, yo me encargo del resto”.

También creemos que el juego logra un buen punto entre accesible y ligeramente desafiante. No obliga a aprender sistemas complicados ni ofrece un desafío extremo, pero tampoco te lo da todo mascado. Esa sensación de tener que observar el entorno, buscar buenos lugares y leer el comportamiento de los peces añade un toque de estrategia suave que se agradece. Y aunque nunca se vuelve difícil de verdad, sí mantiene el interés suficiente como para que no desconectemos mentalmente. En definitiva, la jugabilidad funciona porque respeta el ritmo del jugador, permitiendo decidir si queremos jugar cinco minutos o pasar la tarde enganchados al sedal.

En el apartado gráfico, Nice Day for Fishing apuesta por un estilo sencillo pero con mucha personalidad. El entorno se presenta con colores suaves, líneas claras y una estética que parece pensada para transmitir calma. Nos ha gustado especialmente cómo utiliza la luz para crear esa sensación de amanecer perpetuo, como si el día estuviera siempre justo empezando, justo perfecto para salir a pescar. Y aunque no busca el realismo extremo, tiene un encanto propio que hace que cada escena se sienta cálida y agradable, incluso cuando no ocurre nada especialmente llamativo.
Las animaciones, aunque discretas, cumplen muy bien con su función. El movimiento del agua, la forma en que la caña se flexiona o incluso los pequeños gestos del personaje crean una coherencia visual que ayuda a la inmersión. Y aunque no es un juego que busque impresionar visualmente, creemos que su dirección artística es lo que realmente sostiene el apartado gráfico. Todo está diseñado para reforzar esa tranquilidad casi hipnótica, como si el mundo entero estuviera exhalando muy despacio.

El sonido también es un elemento esencial en este título, y la verdad es que funciona maravillosamente. La banda sonora adopta un tono suave, con melodías discretas que acompañan sin invadir. No es de esas que vas a tararear durante días, pero sí cumple perfectamente con su misión de crear ambiente. A veces parece que la música desaparece por completo, y eso, lejos de ser un problema, refuerza la sensación de estar realmente ahí, escuchando el agua y el viento como protagonistas.
Los efectos de sonido también están muy bien logrados. El chapoteo cuando lanzamos la caña, el suave tirón cuando un pez pica o incluso pequeños sonidos del entorno están cuidadosamente elaborados. No hay doblaje relevante, pero sinceramente, creemos que no le hace falta. El juego busca transmitir una atmósfera intimista, y añadir voces podría romper parte de ese encanto. Así que el silencio, acompañado de esos sonidos naturales, se convierte en una herramienta narrativa más.

En cuanto al rendimiento, nos ha sorprendido gratamente lo bien que funciona. Durante nuestra experiencia no nos encontramos con bugs graves ni fallos que arruinaran la partida. El juego carga rápido, se mantiene estable y responde como debe. Para ser un título pequeño, se siente bastante pulido, y eso es algo que siempre agradecemos, sobre todo cuando hablamos de experiencias tranquilas donde un error técnico podría romper la magia del momento.
Puede haber algún detalle menor, como pequeñas irregularidades en la física del sedal o alguna animación que se queda un poco rígida, pero nada que realmente afecte la experiencia. Más bien son anécdotas. Y lo importante es que no hemos sufrido crasheos ni caídas de rendimiento que nos obligaran a reiniciar o perder progreso. Se nota que el juego está cuidado.

Llegando al final, creemos que Nice Day for Fishing es un título pequeño pero lleno de encanto, de esos que te sorprenden por lo bien que funciona todo cuando cada pieza está en su sitio. La historia ligera pero intrigante acompaña sin molestar, la jugabilidad es sencilla pero adictiva, los gráficos transmiten justo lo que deben y el sonido envuelve la experiencia con suavidad. No es un juego para quienes buscan emoción desbordante, pero sí para quienes quieren algo distinto, algo que mezcle paz con una pizca de misterio.
Además, creemos que parte del encanto del juego está en cómo se siente honesto en su planteamiento. No intenta disfrazarse de algo más grande de lo que es ni vendernos una profundidad inexistente. Todo lo que ofrece está puesto con intención, desde los diálogos breves hasta los pequeños momentos de contemplación. Y en un panorama donde muchos juegos buscan llamar la atención con complejidad o espectacularidad, se agradece encontrar una propuesta que nos invite simplemente a disfrutar.

También vale la pena mencionar que Nice Day for Fishing tiene personalidad. Aunque esté construido con elementos conocidos, logra diferenciarse gracias a su tono ligeramente surrealista y a un humor muy suave que aparece cuando menos lo esperas. Incluso los momentos más cotidianos tienen un encanto que cuesta explicar, pero que se siente.
Por último, salimos de la experiencia con la sensación de que es un juego que podría servir tanto para desconectar tras un día largo como para jugar con atención y descubrir pequeños detalles escondidos. No pretende ofrecer cientos de horas de contenido ni un mundo gigantesco, pero sí garantiza un espacio acogedor donde pasar un buen rato. Y en un mercado lleno de propuestas ruidosas, se agradece tener un título que apuesta por la calma sin renunciar a un toque de humor y personalidad. Después de jugarlo, nos queda claro que su intención está perfectamente cumplida.

En resumen, creemos que este viaje de pesca tiene más profundidad y más encanto del que aparenta a simple vista. Es una experiencia que demuestra que no hace falta un gran presupuesto para construir algo memorable, siempre que se tenga claro el tono y la intención. Y Nice Day for Fishing lo tiene claro: quiere que respiremos, que sonriamos y que disfrutemos pescando sea como sea.

