Hay juegos que te hacen pensar “esto va a ser otro shooter más”, y luego está S.E.M.I. – Side Effects May Include, que te lanza literalmente un arsenal de efectos secundarios al rostro y te dice “buenas suerte”. Ver a tu personaje convertirse en una masa gigante de músculo digital tras tomar una pastilla experimental es, sinceramente, parte de la diversión y también parte del motivo por el que te ríes mientras la pantalla explota a tu alrededor. El juego abraza lo absurdo de forma tan intensa que terminas aceptando que, en este universo, todo puede ocurrir… incluso que tu compañero pequeñito sea más temible que un tanque de guerra.
La introducción de S.E.M.I. nos coloca en una clínica que parece haber sido diseñada por alguien que confundió “instituto científico” con “parque temático de locuras tecnológicas”. El juego va soltando pequeñas piezas de contexto mientras tú corres, disparas y esquivas todo lo que pueda matarte de mil formas diferentes. Esta manera de presentar la historia funciona muy bien porque no interrumpe la acción, algo fundamental en un juego tan frenético. Además, da lugar a que las escenas más simples, como encontrar tu primer arma o ver a tus amigos transformarse en… lo que sea que se transformen, se conviertan en momentos memorables.

La historia en sí misma es secundaria, pero muy entretenida precisamente porque no se toma demasiado en serio. Tú eres uno de los pacientes sometido a experimentos, lo que da pie a toda una serie de eventos cada cual más extraño que el anterior. Algunos de esos eventos son cómicos, otros francamente peligrosos, y todos contribuyen a que tengas un motivo para seguir adelante sin que necesariamente te preguntes a cada segundo “¿por qué estoy aquí?”. Nos ha gustado que, en lugar de ofrecer una narrativa densa, el juego te suelte pequeñas pinceladas de contexto salpicadas entre la acción, haciendo que todo fluya con naturalidad.
La duración de la historia depende mucho de cómo te acerques al juego. Si solo te limitas a avanzar en la campaña principal sin explorar todos los rincones, puedes terminarlo en unas cuantas horas. Pero si decides probar todos los efectos secundarios posibles, experimentar con diferentes combinaciones de habilidades o simplemente intentar sobrevivir más de lo que duras en el primer intento (cosa que no siempre ocurre), la experiencia se prolonga y se vuelve muy rejugable. Este diseño favorece tanto a quienes buscan partidas rápidas como a quienes disfrutan perfeccionando estrategias y descubriendo cada pequeño detalle que el juego ofrece.

Y es precisamente en la jugabilidad donde S.E.M.I. demuestra que no quiere ser un simple título más en el montón. El núcleo de la experiencia gira en torno a moverte, disparar, esquivar y, sobre todo, gestionar los famosos “efectos secundarios” que alteran radicalmente la forma en que juegas. Cada vez que tomas una de esas pastillas experimentales, tu personaje puede volverse gigante, encogerse, ganar velocidad descontrolada o incluso adoptar formas extrañas, y eso afecta tanto al combate como a la movilidad y a la resolución de situaciones inesperadas. Este sistema de efectos secundarios no solo es ingenioso, sino que añade una capa de imprevisibilidad que hace que cada partida se sienta distinta.
El control de tu personaje es fluido y receptivo, algo que se agradece cuando las cosas empiezan a acelerarse. Correr de un lado a otro mientras disparas y esquivas trampas obliga a pensar rápido y actuar incluso más rápido, y aquí es donde el diseño de niveles brilla: cada sala está construida para hacerte pensar, sí, pero también para provocar momentos de caos controlado que te sacan de quicio de la mejor manera posible. Nos ha gustado que no se sienta como un simple “ve de A a B matando enemigos”, sino que tienes que interactuar con el entorno, utilizar tus habilidades de forma inteligente y muchas veces improvisar soluciones cuando la situación se sale de madre.

Las mecánicas principales, que mezclan disparos con movidas de plataformas y gestión de efectos secundarios, se sienten muy bien integradas. No hay una sola forma de afrontar un enemigo o una trampa; a veces conviene acercarse con cautela, otras con frenéticos disparos y en muchas ocasiones con explosiones gloriosas que te hacen exclamar “¿Eso funcionó?”. Esta flexibilidad es una de las mayores virtudes del juego, porque te permite experimentar, fallar estrepitosamente y reírte de tus errores tanto como de tus éxitos. Y creednos: la risa es parte esencial de la experiencia, porque la frustración rara vez se instala de forma permanente gracias a la actitud del propio juego.
A medida que avanzas, aparecen enemigos con patrones diferentes, trampas más complejas y entornos que te obligan a adaptar tu estilo de juego. La curva de dificultad está bastante bien medida: no se siente injusta, simplemente desafiante. Sí, en ciertas ocasiones un efecto secundario puede arruinarte la vida justo cuando te hacías con el control de la situación, pero eso también es parte de la diversión. Creemos que el juego logra un equilibrio interesante entre desafío y accesibilidad, porque aunque puede ser complicado, nunca se siente que te impide avanzar de forma arbitraria. Eso sí: prepárate para morir de formas ridículas más veces de las que te gustaría admitir en voz alta.

Visualmente, S.E.M.I. se presenta con un estilo colorido y caricaturesco que encaja a la perfección con su tono general. Los personajes y enemigos tienen un diseño simpático y expresivo que ayuda a que cada efecto secundario se sienta único. Las animaciones, aunque no extremadamente detalladas, son claras y visualmente agradables, lo que facilita que entiendas lo que está ocurriendo en pantalla incluso en medio del caos más absoluto. Nos ha gustado que el juego no intente verse hiperrealista, sino que abrace una estética más desenfadada y accesible, exactamente lo que esperas de un título con un sentido del humor tan marcado.
Los entornos también están bien construidos y ofrecen variedad suficiente como para mantener la atención del jugador. Desde salas de laboratorio hasta pasillos llenos de trampas, cada escenario tiene su propia personalidad y retos. La ambientación general hace que te sientas en un mundo que es tan peligroso como absurdo, con detalles visuales que refuerzan esa sensación. Nosotros disfrutamos especialmente esos momentos en los que una sala aparentemente tranquila se transforma de repente en una pesadilla de efectos secundarios y enemigos voladores, porque no solo te reta, sino que te arranca una sonrisa nerviosa en el proceso.

El sonido en S.E.M.I. complementa muy bien al resto de la experiencia. La banda sonora tiene un ritmo que se adapta al tono dinámico del juego: no es invasiva ni excesivamente épica, pero sí lo bastante energética como para ponerte en marcha y acompañar cada sesión de juego con una pizca de emoción. Nos ha gustado cómo la música se mezcla con los efectos de las habilidades, los disparos y los efectos secundarios, creando un paisaje sonoro que se siente coherente con el caos visual que se desarrolla en pantalla.
Los efectos de sonido son claros y efectivos. Cada habilidad, cada disparo, cada transformación tiene su propio sonido distintivo, lo que ayuda a mantener la claridad en momentos de acción intensa. Y sí, cuando te conviertes en un objeto gigante y tienes un efecto sonoro que parece sacado de una caricatura de los años noventa, no puedes evitar sonreír. Creemos que esta atención al detalle en el audio refuerza la personalidad del juego, porque no solo acompaña la acción, sino que la enriquece y la hace más memorable.

En cuanto al rendimiento, nuestra experiencia con S.E.M.I. ha sido bastante positiva. El juego se mueve con fluidez incluso en niveles con múltiples efectos secundarios activos y hordas de enemigos en pantalla. No hemos encontrado caídas de frames que afecten negativamente a la jugabilidad ni crasheos inesperados que te saquen de una partida en pleno descontrol. Esto es importante, porque cuando juegas algo tan frenético, cualquier problema técnico puede romper la inmersión y arruinar la diversión. Nos ha gustado que el rendimiento se mantenga estable y que el juego haya sido optimizado de manera que no tengas que preocuparte por esos detalles y puedas concentrarte en disparar, saltar y reírte con tus amigos.
Como suele ocurrir, hay pequeños detalles que podrían pulirse más a medida que el desarrollo avanza. En nuestras sesiones hemos notado alguna animación que se superpone o un efecto visual que aparece un poco antes de tiempo, pero son cosas menores que no llegan a interferir con la experiencia general. Creemos que estos detalles pueden ser pulidos con el tiempo, sin que ello afecte negativamente a lo que ya es una base sólida y divertida.

Al final, la conclusión sobre S.E.M.I. – Side Effects May Include es muy clara: es un juego que sabe quién quiere ser, y lo hace con un entusiasmo que se contagia. Su historia ligera funciona como una excusa perfecta para desencadenar caos sin sentido, la jugabilidad es variada, divertida y sorprendentemente estratégica dentro de su locura, y los gráficos y el sonido refuerzan esa sensación de estar viviendo una aventura frenética y caricaturesca.
Nos ha gustado cómo el juego maneja la cooperación de manera que incluso las situaciones más absurdas resultan gratificantes, y cómo cada efecto secundario inesperado acaba convirtiéndose en parte de la diversión, no en una frustración. Creemos que S.E.M.I. tiene un enorme potencial para seguir creciendo y ofreciendo horas de entretenimiento, tanto en solitario como con amigos, y que su combinación de humor, acción y creatividad lo convierte en un título memorable dentro de su género.

En definitiva, S.E.M.I. – Side Effects May Include es uno de esos juegos que no solo te entretienen, sino que te hacen reír, improvisar estrategias locas y celebrar cada pequeño desastre controlado. Si buscas una experiencia llena de caos, risas y acción cooperativa con personalidad propia, este juego es una apuesta que bien merece tu atención. Creemos que es un título que puede quedarse en tu memoria tanto por sus mecánicas divertidas como por esos momentos impredecibles que solo ocurren cuando un efecto secundario decide que hoy no es tu día…

