Night Swarm: Vampiros, hombres lobo y una noche muy larga

Published on

in

Hay juegos que intentan reinventar completamente un género y otros que prefieren coger una fórmula conocida y darle su propio toque. Night Swarm desde el primer momento deja claro que su inspiración está en los llamados survivor-like o bullet heaven, ese tipo de juegos donde el jugador se enfrenta a hordas interminables de enemigos mientras mejora habilidades, desbloquea poderes y trata de sobrevivir el mayor tiempo posible. La diferencia es que aquí todo está envuelto en una ambientación vampírica bastante marcada que le da algo más de personalidad al conjunto.

La propuesta gira en torno a la figura de un joven señor vampiro que busca hacerse con el control de la noche mientras se enfrenta a criaturas que parecen decididas a arruinarle los planes. Y siendo sinceros, lo consiguen bastante a menudo. Es uno de esos juegos que empiezan con la típica sensación de “esto parece fácil” y diez minutos después estás rodeado por una cantidad absurda de enemigos preguntándote en qué momento exactamente se descontroló todo. Spoiler: normalmente ocurre antes de que te des cuenta.

A nivel de concepto, el juego apuesta por una estructura de partidas que se repiten una y otra vez mientras el jugador desbloquea mejoras permanentes. Entre partida y partida se vuelve a una especie de base o castillo donde se pueden mejorar habilidades, desbloquear nuevos elementos y preparar la siguiente expedición nocturna. Es una estructura que funciona bastante bien dentro del género y que ayuda a que cada intento tenga la sensación de aportar algo al progreso general.

La historia, como suele ocurrir en este tipo de juegos, no es el elemento principal, pero sí sirve para darle contexto a todo lo que ocurre. Night Swarm plantea un conflicto entre vampiros y hordas de hombres lobo que parecen haber sido corrompidos por una especie de maldición que los vuelve más salvajes y peligrosos. El jugador controla a un joven vampiro que busca consolidar su poder mientras combate estas criaturas y reúne aliados que se unen a su causa.

A lo largo de la aventura se descubre que la noche está llena de amenazas y que no todos los vampiros están necesariamente del mismo lado. El protagonista no solo lucha contra las hordas de enemigos que aparecen en cada mapa, sino que también se enfrenta a rivales, criaturas gigantescas y distintos personajes que pueden terminar formando parte de su creciente dominio. No es una historia especialmente compleja, pero cumple bien su función como hilo conductor de la experiencia.

La forma en la que se cuenta la narrativa es bastante ligera. Gran parte del desarrollo del mundo aparece entre partida y partida, a través de personajes que se encuentran en el castillo o mediante pequeñas misiones que ayudan a entender mejor qué está ocurriendo en este universo nocturno. No es un relato que te tenga leyendo textos durante media hora, algo que probablemente muchos agradecerán cuando lo único que quieren es volver a lanzar bolas de fuego contra un ejército de hombres lobo.

En cuanto a la duración, Night Swarm sigue el esquema clásico del roguelite. Una partida puede durar un buen rato dependiendo de lo bien que vaya todo… o de lo mal que se ponga la situación. Porque sí, hay runs que parecen prometedoras y otras que terminan antes de lo esperado cuando una horda decide que hoy eres su cena. Aun así, la progresión constante y los desbloqueos ayudan a que siempre haya una razón para volver a intentarlo.

La rejugabilidad es bastante alta gracias a la variedad de mejoras, armas y habilidades que se pueden combinar. Cada partida ofrece la posibilidad de construir un estilo de juego diferente, y esa sensación de “la siguiente run puede ser mejor” es una de las cosas que más engancha. Y cuando por fin consigues una combinación absurda de poderes que convierte la pantalla en un festival de explosiones, la sensación de poder es bastante divertida.

Si hay un apartado donde Night Swarm realmente centra su atención es en la jugabilidad. La base del juego es sencilla de entender: moverse por el escenario mientras el personaje lanza ataques automáticos y el jugador se encarga principalmente de esquivar enemigos y recoger mejoras. Es el tipo de sistema que parece simple al principio pero que se vuelve cada vez más intenso a medida que avanza la partida.

Las hordas de enemigos aparecen constantemente desde todos los lados del mapa. Al principio son relativamente manejables, pero conforme pasan los minutos la pantalla empieza a llenarse de criaturas que no tienen precisamente buenas intenciones. En esos momentos el juego se convierte en una especie de danza caótica donde hay que moverse constantemente para evitar quedar atrapado.

Uno de los elementos más interesantes es el sistema de habilidades. A medida que se sube de nivel durante una partida se desbloquean nuevos poderes que modifican la forma de jugar. Algunos ataques generan proyectiles que rebotan entre enemigos, otros crean zonas de daño constante y algunos invocan aliados que luchan junto al protagonista. Cuando varias de estas habilidades se combinan, el resultado puede ser bastante espectacular.

También nos ha gustado el sistema de compañeros. Durante las partidas es posible invocar criaturas o aliados que se unen al combate y ayudan a limpiar el escenario. Estos seguidores aportan una capa adicional de estrategia porque cada uno tiene habilidades distintas que pueden complementar el estilo de juego elegido.

El movimiento del personaje es bastante fluido, algo esencial en un juego donde esquivar ataques es prácticamente una forma de vida. Los controles responden bien y permiten reaccionar con rapidez cuando la pantalla se llena de proyectiles. Y créenos, hay momentos donde parece que el juego ha decidido que lo divertido es convertir el escenario en una lluvia infinita de cosas que intentan matarte.

La dificultad está bastante bien equilibrada. Los primeros minutos suelen ser relativamente tranquilos, pero el ritmo va aumentando progresivamente hasta convertirse en una auténtica locura. Hay momentos donde sobrevivir unos segundos más ya se siente como una victoria personal. Y sí, todos hemos tenido esa partida en la que pensábamos que íbamos invencibles hasta que aparece un jefe gigante que arruina el plan.

Los combates contra jefes son uno de los momentos más llamativos del juego. Estas criaturas suelen ser bastante más grandes y peligrosas que los enemigos normales, y obligan a prestar atención a sus patrones de ataque. Derrotarlos suele traer recompensas importantes, lo cual hace que el riesgo merezca la pena… aunque también hay ocasiones en las que el jefe aparece justo cuando ya estabas bastante ocupado sobreviviendo al resto del mapa.

En el apartado visual, Night Swarm apuesta por una estética bastante colorida dentro de su temática oscura. Los escenarios presentan un diseño que combina tonos oscuros con efectos brillantes procedentes de las habilidades y ataques. El resultado es una pantalla que puede llegar a estar increíblemente llena de efectos visuales.

El diseño de los enemigos también tiene bastante personalidad. Las criaturas que aparecen en el juego tienen un aspecto grotesco y exagerado que encaja bien con el tono fantástico del universo. Los hombres lobo, los monstruos gigantes y otros enemigos presentan siluetas claras que ayudan a identificarlos rápidamente incluso cuando el caos visual está en su punto máximo.

Las animaciones cumplen correctamente su función y permiten entender lo que ocurre en pantalla incluso cuando la acción se vuelve bastante intensa. En un juego donde pueden aparecer decenas o incluso cientos de enemigos al mismo tiempo, esta claridad visual resulta bastante importante para que el jugador no pierda completamente el control de la situación.

En el apartado sonoro, el juego acompaña bastante bien la experiencia. La banda sonora utiliza temas que refuerzan el ambiente oscuro y frenético de las partidas. No es una música especialmente compleja, pero cumple su función de mantener el ritmo de la acción y dar energía a los combates.

Los efectos de sonido también funcionan bien. Cada ataque, explosión o habilidad tiene su propio sonido característico, lo que ayuda a que el combate se sienta más impactante. Cuando se combinan varias habilidades al mismo tiempo, el resultado puede ser una auténtica sinfonía de caos… o un concierto de ruidos extraños dependiendo de cómo se mire.

En cuanto al doblaje, el juego utiliza voces en algunos momentos para dar vida a ciertos personajes. No es un elemento central de la experiencia, pero sí ayuda a que el mundo tenga algo más de personalidad. Además, siempre resulta curioso escuchar a un vampiro hablando con total naturalidad mientras alrededor suyo hay literalmente cientos de enemigos intentando morderle.

Desde el punto de vista técnico, el juego funciona de manera bastante sólida en general. Durante las partidas el rendimiento suele mantenerse estable incluso cuando la pantalla está llena de enemigos y efectos visuales. Esto es importante en un juego donde la precisión de movimiento puede marcar la diferencia entre sobrevivir o terminar convertido en comida para hombres lobo.

Eso no significa que todo sea perfecto. En algunos momentos puede aparecer cierta saturación visual cuando se acumulan demasiados ataques en pantalla. No llega a romper la experiencia, pero sí puede provocar esos instantes en los que uno pierde de vista al personaje durante un segundo. Y en este tipo de juegos, perder de vista al personaje suele terminar mal.

También hemos notado que algunos momentos especialmente caóticos pueden provocar ligeros tirones dependiendo de la cantidad de enemigos presentes. No ocurre constantemente, pero es uno de esos detalles que aparecen cuando el juego decide lanzar literalmente todo lo que tiene contra el jugador.

Después de varias horas enfrentándonos a hordas interminables de criaturas nocturnas, creemos que Night Swarm consigue ofrecer una experiencia bastante entretenida dentro del género. La historia cumple como contexto, aunque el verdadero protagonismo lo tiene la jugabilidad y el sistema de progresión entre partidas.

Las mecánicas de combate funcionan bien, las habilidades ofrecen bastante variedad y la sensación de crecimiento del personaje se mantiene durante toda la experiencia. El apartado visual aporta personalidad con su estilo oscuro y lleno de efectos, mientras que el sonido acompaña correctamente el ritmo de la acción.

En definitiva, Night Swarm es uno de esos juegos que puede parecer sencillo al principio pero que termina enganchando gracias a su estructura de partidas rápidas y progresión constante. No intenta reinventar el género, pero sí consigue ofrecer suficientes elementos interesantes para mantener al jugador volviendo una y otra vez. Y si algo hemos aprendido después de muchas partidas es que, en este juego, la noche siempre gana… pero al menos puedes intentar llevártela por delante antes de caer.