Las apariencias engañan, y pocas veces una marioneta de madera había protagonizado una aventura tan peculiar como la que propone Dark Fairy Tale: Dreamland Survivors. Lo que a simple vista podría parecer otro juego inspirado en la fórmula de Vampire Survivors, termina escondiendo varias ideas propias y una ambientación bastante llamativa que mezcla cuentos clásicos, pesadillas y toneladas de enemigos deseando mandarnos de vuelta al menú principal. Porque sí, ser Pinocho nunca había implicado enfrentarse a criaturas salidas de un sueño extraño después de cenar demasiado.
Nos encontramos ante una propuesta desarrollada por BINGOBELL que apuesta por la acción automática y por una estructura roguelike centrada en partidas relativamente rápidas, pero con suficiente profundidad como para mantenernos enganchados durante bastante tiempo. Desde los primeros minutos se nota que el estudio no se ha limitado a copiar una fórmula de éxito, sino que ha intentado añadir sus propias ideas y construir una identidad propia basada en cuentos de hadas oscuros y sistemas de progresión bastante curiosos.

La historia no es precisamente el principal atractivo del juego, aunque eso no significa que sea inexistente. En esta ocasión controlamos a Pinocho, quien ha terminado atrapado en una dimensión onírica retorcida donde las criaturas de los cuentos tradicionales han sufrido una transformación bastante siniestra. El objetivo es sobrevivir, descubrir qué está ocurriendo y encontrar la forma de regresar a la realidad mientras se enfrenta a una sucesión de enemigos y desafíos cada vez más complicados.
La narrativa está presente, aunque funciona más como un hilo conductor que como una gran epopeya llena de giros inesperados. La ambientación y los escenarios ayudan bastante a construir ese mundo de pesadilla inspirado en cuentos clásicos, y creemos que precisamente ahí reside parte de su encanto. No estamos ante una aventura que busque emocionarnos con diálogos interminables, sino ante una experiencia que utiliza su trasfondo para justificar la acción constante. Y la verdad es que tampoco hace falta mucho más cuando una versión terrorífica de personajes conocidos intenta convertirnos en serrín.

La manera en la que se presenta la historia resulta sencilla y bastante accesible. Poco a poco vamos descubriendo más detalles mientras avanzamos y desbloqueamos contenido, aunque el ritmo siempre prioriza la jugabilidad por encima de la narrativa. Nos ha gustado que el juego no interrumpa constantemente la acción con escenas excesivas, algo que encaja perfectamente con el estilo de la propuesta.
En cuanto a duración, estamos ante uno de esos títulos donde resulta difícil poner una cifra concreta. Una partida individual puede ser relativamente corta, pero la enorme cantidad de desbloqueables, personajes, habilidades y configuraciones diferentes hace que la rejugabilidad sea una de sus grandes virtudes. Siempre existe la sensación de que una partida más puede terminar siendo la definitiva. Spoiler: normalmente no lo es y acabamos diciendo aquello de «solo cinco minutos más» dos horas después.

La jugabilidad es, sin duda, el gran pilar sobre el que se sostiene toda la experiencia. Dark Fairy Tale: Dreamland Survivors apuesta por el combate automático y el desplazamiento libre del personaje, algo que permite centrarnos en esquivar, posicionarnos correctamente y tomar decisiones sobre nuestra construcción de habilidades. Es una fórmula conocida, pero que aquí introduce varios elementos propios que consiguen darle algo más de personalidad.
Uno de los sistemas más interesantes es el de los Dream Eggs. Estos huevos especiales funcionan como una fuente constante de mejoras y posibilidades. Podemos utilizarlos de distintas maneras y cada decisión afecta directamente a la construcción del personaje. Nos ha parecido una idea bastante divertida porque añade una capa estratégica adicional que obliga a pensar qué nos conviene más en cada momento.

También encontramos diferentes estilos de combate y varias armas que pueden combinarse entre sí para crear configuraciones distintas. Esto provoca que las partidas no resulten idénticas unas a otras y que experimentar sea casi tan importante como sobrevivir. A veces descubrimos combinaciones absurdamente poderosas y otras terminamos convertidos en el equivalente fantástico de un pollo sin cabeza, pero precisamente ahí reside parte de la gracia.
Nos ha gustado especialmente la sensación de progresión. Al principio todo parece relativamente sencillo, pero poco a poco empiezan a aparecer nuevas mecánicas, enemigos más agresivos y situaciones donde el caos se convierte en una auténtica fiesta de proyectiles. Hay momentos en los que la pantalla contiene tantos efectos visuales que uno se pregunta si sigue jugando o si ha abierto accidentalmente un caleidoscopio poseído.

La dificultad está bastante bien equilibrada. Los primeros compases son accesibles, pero conforme avanzamos el juego exige prestar atención y aprender cómo funcionan los sistemas. No diríamos que es una experiencia especialmente dura, aunque sí requiere cierta paciencia y entender las sinergias disponibles. Los jugadores más veteranos del género probablemente encontrarán rápidamente las mejores estrategias, mientras que los recién llegados necesitarán algunas partidas para adaptarse.
Otra de las cosas que creemos que funcionan bastante bien es la flexibilidad que ofrece. El hecho de que pueda jugarse prácticamente con una sola mano hace que resulte muy cómodo, pero eso no significa que sea un juego simplón. Detrás de esa accesibilidad se esconde una profundidad considerable que recompensa a quienes dedican tiempo a experimentar.
La variedad de enemigos y escenarios ayuda a mantener el interés. Cada zona presenta sus propias particularidades y los desafíos cambian lo suficiente como para evitar una sensación excesiva de repetición. Evidentemente, sigue siendo un roguelike y la estructura básica se repite constantemente, pero la cantidad de combinaciones posibles consigue que las partidas mantengan cierta frescura.

Visualmente, Dark Fairy Tale: Dreamland Survivors tiene bastante personalidad. Su dirección artística apuesta por un estilo colorido pero con un evidente tono oscuro que encaja perfectamente con la temática de cuentos deformados y criaturas salidas de una pesadilla. Desde el primer momento queda claro que el estudio ha querido construir una identidad reconocible.
Los diseños de personajes y monstruos resultan bastante llamativos. Nos ha gustado especialmente la reinterpretación de algunos elementos clásicos, que consiguen transmitir una mezcla curiosa entre fantasía y terror. Es una combinación que funciona mejor de lo que podría parecer sobre el papel y que dota al juego de una atmósfera muy particular.

Las animaciones cumplen correctamente y los efectos visuales aportan espectacularidad durante los combates. En ocasiones la pantalla se llena tanto de explosiones, rayos y proyectiles que cuesta distinguir exactamente qué está ocurriendo, aunque eso forma parte del encanto habitual del género. Si alguien consigue entender todo lo que sucede en determinados momentos merece un diploma honorífico y posiblemente unas vacaciones.
La ambientación también está bastante conseguida. Cada escenario posee una identidad propia y consigue transmitir esa sensación de encontrarnos atrapados en un mundo de fantasía que ha tomado un rumbo bastante oscuro. Creemos que es uno de esos apartados que contribuyen enormemente a diferenciarlo de otras propuestas similares.

El sonido acompaña de forma notable al conjunto. La banda sonora encaja perfectamente con la acción y con el tono de fantasía oscura que caracteriza al juego. No diríamos que estamos ante melodías que vayan a convertirse en nuestras favoritas de todos los tiempos, pero cumplen su función y ayudan a mantener el ritmo de las partidas.
Los efectos sonoros también realizan un buen trabajo. Cada ataque, explosión y habilidad transmite una sensación de impacto adecuada, algo especialmente importante en un juego donde pasamos gran parte del tiempo eliminando cientos de enemigos. Porque sí, destruir criaturas por docenas resulta mucho más satisfactorio cuando todo suena como debe.

Desde el punto de vista técnico, el juego ofrece un rendimiento bastante sólido. Durante nuestras partidas la experiencia se mantiene estable incluso cuando la cantidad de enemigos y efectos en pantalla aumenta considerablemente. Algo que tiene mérito teniendo en cuenta que hay momentos donde parece que absolutamente todo intenta explotar al mismo tiempo.
No hemos encontrado problemas especialmente graves ni errores que arruinen la experiencia. Como ocurre con muchos roguelike independientes, pueden aparecer pequeños detalles mejorables o situaciones puntuales, pero en líneas generales nos ha parecido un producto bastante pulido. La optimización también deja buenas sensaciones y permite disfrutar de las partidas sin demasiadas preocupaciones.
Quizá algunos sistemas podrían explicarse mejor, especialmente para los jugadores que se acercan por primera vez a este tipo de experiencias. Hay determinadas mecánicas que requieren un pequeño periodo de adaptación y que pueden resultar algo confusas al principio. Sin embargo, una vez superada esa fase inicial, todo empieza a encajar con bastante naturalidad.

Al final, Dark Fairy Tale: Dreamland Survivors consigue destacar dentro de un género que cada vez cuenta con más competidores. La combinación entre cuentos oscuros, sistemas de progresión originales y una enorme cantidad de posibilidades jugables termina dando forma a una propuesta muy entretenida y con suficiente personalidad propia.
Nos ha gustado la ambientación, la variedad de construcciones posibles y la sensación constante de progreso que acompaña cada partida. También creemos que su apartado artístico y la originalidad de algunas de sus mecánicas ayudan a diferenciarlo de otros títulos similares. Puede que la historia quede en un segundo plano, pero tampoco parece tener intención de competir en ese terreno.
En definitiva, estamos ante una experiencia muy recomendable para quienes disfrutan de los roguelike de acción y buscan algo con un toque distinto. Quizá Pinocho jamás imaginó acabar luchando contra pesadillas mientras devoraba huevos mágicos, pero después de ver todo lo que ocurre aquí, creemos que Geppetto también habría pedido un manual de instrucciones. Y probablemente una tila.

