Hay juegos que buscan impresionarnos con explosiones, criaturas gigantes o mapas inmensos. Luego están esos títulos que consiguen captar nuestra atención de una forma mucho más tranquila, apostando por una historia cercana y por convertir algo tan cotidiano como buscar agua o comida en un auténtico desafío. ARIDA: Backland’s Awakening pertenece precisamente a ese segundo grupo. Es una aventura que no necesita grandes artificios para transmitir la dureza de su mundo, sino que utiliza la supervivencia, la exploración y el contexto histórico para construir una experiencia diferente a lo habitual. Nosotros empezamos la partida pensando que sería un sencillo juego de supervivencia y terminamos encontrando una aventura con bastante más personalidad de la que imaginábamos.
La propuesta nos traslada al sertão brasileño de finales del siglo XIX, una región marcada por la sequía, la pobreza y las dificultades para salir adelante. Es un escenario poco habitual dentro del mundo de los videojuegos y precisamente por eso consigue llamar la atención desde el primer momento. No todos los días tenemos la oportunidad de recorrer un entorno inspirado en una realidad histórica tan concreta, y creemos que ese es uno de los mayores aciertos del juego. Además, sirve para demostrar que una buena ambientación puede resultar mucho más interesante que llenar el mapa de enemigos porque sí. Aunque, siendo sinceros, aquí el mayor enemigo muchas veces es el calor, y contra ese no sirve de mucho blandir un palo.
La protagonista es Cícera, una joven que debe abandonar su hogar junto a su familia debido a una devastadora sequía. Lo que comienza como un viaje obligado en busca de una vida mejor acaba convirtiéndose en una aventura donde aprenderemos a sobrevivir en un entorno hostil mientras conocemos a diferentes personajes que también intentan salir adelante en circunstancias extremadamente complicadas. La historia no gira alrededor de grandes guerras ni de amenazas sobrenaturales, sino de algo mucho más cercano y humano: la lucha diaria por sobrevivir.

Nos ha gustado que el juego trate estos temas con bastante naturalidad. La narrativa se apoya en conversaciones, pequeños acontecimientos y en la propia exploración del escenario para mostrarnos cómo vivían las personas durante aquella época. Poco a poco vamos descubriendo costumbres, tradiciones y dificultades propias del sertão brasileño, algo que aporta bastante personalidad a la aventura. Creemos que esa intención educativa nunca llega a resultar pesada porque siempre está integrada dentro del propio desarrollo del juego.
La historia tampoco busca sorprender constantemente con giros inesperados. Su objetivo principal consiste en acompañar el crecimiento de Cícera mientras aprende a desenvolverse en un mundo donde prácticamente todo escasea. Esa sencillez juega a su favor porque consigue que conectemos fácilmente con la protagonista y entendamos la importancia que adquiere cada pequeño logro. Conseguir agua, encontrar comida o fabricar una herramienta puede parecer algo insignificante en otros juegos, pero aquí cada avance transmite una sensación de progreso muy satisfactoria.
La duración no es especialmente extensa, algo que también beneficia al ritmo de la aventura. En unas pocas horas es posible completar la historia principal, aunque explorar cada rincón del escenario, descubrir todos sus secretos y completar diferentes actividades puede alargar algo más la experiencia. No estamos ante un juego pensado para ofrecer cientos de horas de contenido, sino una aventura compacta que sabe bastante bien cuál es su objetivo desde el principio.

La jugabilidad representa el corazón de toda la experiencia. Desde los primeros minutos entendemos que sobrevivir requiere prestar atención a numerosos detalles. Explorar, recoger recursos, fabricar objetos y administrar correctamente el agua y la comida forman parte del día a día de Cícera. Nos ha gustado que todas estas mecánicas se introduzcan poco a poco, permitiendo que cualquier jugador pueda adaptarse sin sentirse completamente perdido.
La exploración resulta bastante relajada en comparación con otros títulos de supervivencia. No existe una presión constante derivada de enemigos que aparecen cada pocos metros, sino que el propio entorno constituye el mayor desafío. El calor, la escasez de recursos y las largas distancias convierten cualquier desplazamiento en una pequeña aventura donde conviene planificar cada movimiento. Nosotros creemos que ese enfoque aporta mucha personalidad porque rompe con algunos clichés habituales del género.
La recolección de materiales ocupa buena parte del tiempo de juego. Plantas, frutas, piedras, madera y otros recursos sirven para fabricar diferentes herramientas necesarias para seguir avanzando. El sistema de creación es sencillo, intuitivo y suficientemente variado como para mantener el interés sin complicar innecesariamente la experiencia. Todo tiene una utilidad clara, algo que siempre se agradece cuando hablamos de mecánicas de supervivencia.

También encontramos pequeños puzles ambientales y tareas relacionadas con los personajes que vamos encontrando durante el viaje. Muchas veces deberemos ayudarles consiguiendo determinados objetos o resolviendo problemas bastante cotidianos. Lejos de resultar repetitivo, esto consigue reforzar la sensación de estar participando en una comunidad donde todos dependen en mayor o menor medida de los demás para salir adelante.
Otro aspecto que nos ha gustado es la progresión de la protagonista. A medida que avanzamos aprendemos nuevas recetas, mejoramos nuestras herramientas y comprendemos mejor cómo aprovechar los recursos disponibles. No existe una evolución exageradamente compleja, pero sí suficiente para que el jugador note que cada hora de juego aporta nuevas posibilidades.
La dificultad resulta bastante accesible. El juego busca transmitir las dificultades propias de la supervivencia sin castigar continuamente al jugador. Evidentemente habrá momentos donde gestionar correctamente el agua o la comida resulte importante, pero nunca da la sensación de que el título quiera frustrarnos constantemente. Creemos que ese equilibrio permite disfrutar tanto de la historia como de las mecánicas sin que una termine eclipsando a la otra.

Visualmente, ARIDA apuesta por un estilo artístico colorido que consigue representar muy bien los paisajes áridos del nordeste brasileño. Los tonos cálidos dominan prácticamente todo el escenario, reforzando constantemente la sensación de calor y sequía. Aunque técnicamente no pretende competir con grandes producciones, sabe utilizar bastante bien sus recursos para crear una identidad visual propia.
El diseño de escenarios transmite muy bien la dureza del entorno. Caminos polvorientos, vegetación escasa, pequeñas aldeas y construcciones tradicionales ayudan a que el mundo resulte creíble y coherente con el contexto histórico. Nos ha gustado especialmente cómo pequeños detalles ambientales consiguen contar parte de la historia sin necesidad de utilizar constantemente diálogos o textos explicativos.
Los personajes presentan diseños sencillos pero expresivos. Las animaciones cumplen correctamente su función, aunque en determinados momentos pueden sentirse algo limitadas. Aun así, creemos que la dirección artística consigue compensar esas pequeñas limitaciones gracias a una ambientación muy cuidada y fácilmente reconocible.

El sonido también desempeña un papel importante durante toda la aventura. La banda sonora utiliza instrumentos tradicionales y melodías muy tranquilas que encajan perfectamente con el viaje de Cícera. No busca impresionar con composiciones épicas, sino acompañar cada momento con una música relajada que ayuda a reforzar la identidad cultural del juego.
Los efectos de sonido cumplen correctamente su función. Escuchar el viento recorriendo el paisaje, los pasos sobre la tierra seca o los sonidos de la naturaleza ayuda bastante a que el escenario resulte vivo. Además, el doblaje en portugués aporta un punto extra de autenticidad que creemos encaja perfectamente con el contexto histórico y cultural de la aventura.
En el apartado técnico nos hemos encontrado con una experiencia generalmente estable. Durante la partida el rendimiento se mantiene bastante sólido y no aparecen problemas graves que afecten seriamente a la jugabilidad. Existen pequeños detalles mejorables en algunas animaciones o ciertas transiciones, pero en ningún momento llegan a empañar el conjunto. Da la sensación de tratarse de un juego bien cuidado dentro de sus posibilidades.

Después de recorrer el sertão junto a Cícera, aprender a sobrevivir con recursos limitados y descubrir una realidad histórica poco representada dentro del medio, la sensación que deja ARIDA: Backland’s Awakening resulta bastante positiva. Su historia consigue emocionar gracias a un planteamiento sencillo pero cercano, la jugabilidad encuentra un buen equilibrio entre exploración y supervivencia, el apartado artístico construye una ambientación muy personal y el sonido termina de reforzar una identidad propia que se mantiene durante toda la aventura.
Nosotros creemos que su mayor virtud consiste precisamente en no intentar parecerse a otros juegos del género. En lugar de apostar por la acción constante o por enemigos espectaculares, decide contar una historia profundamente humana donde cada pequeño avance tiene importancia y donde sobrevivir significa mucho más que simplemente mantener una barra de vida llena. Puede que no sea el juego más ambicioso del mercado, pero sí uno de esos títulos capaces de enseñarnos que las aventuras más memorables también pueden surgir de los viajes más humildes.

