Nobody Nowhere: El misterio de despertar sin saber quién eres

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Entre laboratorios, replicantes y preguntas capaces de provocar más de un dolor de cabeza existencial, Nobody Nowhere se presenta como una de esas propuestas que no llaman demasiado la atención a simple vista, pero que terminan sorprendiendo cuando uno se sumerge en ellas. La obra de Tag:hadal apuesta por una mezcla de aventura narrativa, exploración lateral y ciencia ficción con un marcado estilo anime que consigue construir una experiencia bastante peculiar. No es el típico juego que intenta conquistarnos a base de explosiones cada treinta segundos. Aquí las ideas y la historia son las auténticas protagonistas, y la verdad es que eso siempre tiene su encanto.

Ambientado en el año 2079, el juego nos lleva a un futuro donde la investigación sobre la conciencia humana y los replicantes ha alcanzado niveles que rozan lo impensable. La Human Science Research Corp lleva años estudiando la transferencia de la mente y el nacimiento del pensamiento individual, algo que inevitablemente acaba dando lugar a una situación bastante más complicada de lo que cualquiera de sus responsables habría imaginado. Porque claro, jugar a ser dioses suele salir regular. La historia del entretenimiento nos ha enseñado eso unas quinientas veces, pero parece que nadie toma apuntes.

La aventura comienza con el despertar de un replicante en medio de una situación crítica dentro de unas instalaciones de investigación. Sin apenas respuestas y con un peligro inminente acechando, la organización secreta White Dove intenta rescatarlo, aunque las cosas no salen precisamente como estaban previstas. A partir de ese momento, el argumento empieza a desplegar una trama de ciencia ficción centrada en la identidad, la memoria y las consecuencias de manipular algo tan complejo como la conciencia humana. Y sí, desde el principio queda claro que aquí las preguntas son más importantes que las respuestas.

Nos ha gustado bastante cómo se plantea la premisa porque consigue despertar la curiosidad desde los primeros compases. La historia se desarrolla a través de diálogos constantes y diferentes secuencias que poco a poco van revelando los secretos que se esconden detrás del proyecto de replicantes. Además, la presencia de dos personajes jugables permite observar los acontecimientos desde perspectivas distintas, algo que enriquece bastante la narrativa y aporta dinamismo al conjunto.

La forma de contar los acontecimientos recuerda bastante a ciertas series de animación japonesa de ciencia ficción. Hay momentos tranquilos donde los personajes conversan y otros en los que las revelaciones empiezan a aparecer una detrás de otra. La trama consigue mantener un ritmo bastante sólido y, aunque en algunos instantes puede resultar algo confusa, creemos que esa sensación forma parte de la propia naturaleza del relato. No es una historia que nos dé todas las respuestas en bandeja de plata.

También nos ha gustado el tono melancólico que acompaña a muchos momentos importantes. Los personajes tienen sus propios conflictos y el mundo que los rodea transmite constantemente una sensación de decadencia y misterio. Hay escenas que funcionan realmente bien y consiguen que uno quiera seguir avanzando para descubrir qué demonios está pasando. Algo especialmente meritorio cuando la mayor parte del peso recae sobre los diálogos y el desarrollo argumental.

La duración tampoco se alarga innecesariamente. Nobody Nowhere ofrece una experiencia relativamente compacta, capaz de completarse en unas pocas horas, pero suficientemente intensa como para dejar huella. Nosotros creemos que es uno de esos juegos que funcionan mejor cuando se disfrutan casi del tirón, como si se tratara de una película o una serie corta. Además, siempre queda margen para revisitar la aventura y prestar atención a ciertos detalles que probablemente hayan pasado desapercibidos durante la primera partida.

En lo referente a la jugabilidad, el juego apuesta por una combinación entre exploración lateral, secuencias narrativas y pequeños puzles que ayudan a romper el ritmo de las conversaciones. La estructura resulta bastante sencilla y accesible, permitiendo que cualquier jugador pueda adaptarse rápidamente a sus mecánicas. Nadie va a necesitar un máster en ingeniería aeroespacial para entender cómo funciona todo, y eso siempre se agradece.

Gran parte de la aventura consiste en recorrer diferentes escenarios, interactuar con personajes y descubrir información sobre la Human Science Research Corp y los secretos que rodean a los replicantes. El ritmo es pausado y claramente enfocado hacia la narrativa, algo que puede gustar mucho a quienes disfruten de las visual novels y de las aventuras con gran carga argumental. Por el contrario, quienes busquen acción constante probablemente tengan que mirar en otra dirección.

Uno de los aspectos más interesantes es el uso de la interfaz cerebro-máquina, conocida como Brain Computer Interface. Gracias a ella encontramos algunos puzles y secuencias interactivas que aportan variedad a la experiencia. No son desafíos especialmente complejos, pero sí consiguen romper la rutina y ofrecen una sensación de participación bastante agradable. Al final, cualquier excusa es buena para sentirnos hackers futuristas durante unos minutos. Aunque luego tardemos diez minutos en recordar la contraseña del correo electrónico.

La exploración también tiene su importancia. Los escenarios esconden diferentes detalles y pequeños elementos que ayudan a profundizar en el universo del juego. Nos ha gustado especialmente la manera en que la información se distribuye de forma gradual, permitiendo que sea el jugador quien vaya uniendo las piezas. Esa sensación de descubrir algo nuevo constantemente contribuye a mantener vivo el interés durante toda la partida.

La dificultad es bastante moderada y nunca llega a resultar frustrante. El juego quiere que nos centremos en la historia y eso se nota en todo momento. Los puzles cumplen correctamente y las secuencias donde debemos evitar ciertos peligros aportan algo de tensión sin llegar a convertirse en una barrera importante. Porque bastante complicado es entender algunos dilemas existenciales como para encima tener que repetir la misma escena cuarenta veces.

En general, creemos que la jugabilidad cumple perfectamente con el tipo de experiencia que quiere ofrecer. No pretende reinventar el género ni introducir sistemas revolucionarios, pero consigue acompañar a la narrativa de manera muy competente. Todo está diseñado para que la historia sea el eje principal, y en ese sentido el juego sabe perfectamente cuáles son sus prioridades.

Visualmente, Nobody Nowhere resulta una pequeña sorpresa. El pixel art utilizado por sus creadores posee una calidad realmente notable y consigue transmitir mucha personalidad. Las animaciones son detalladas y los personajes cuentan con una expresividad bastante superior a la que podríamos esperar en una propuesta de este tipo. De hecho, hay momentos donde uno se olvida completamente de que está viendo sprites y acaba sintiendo que se encuentra ante una serie animada interactiva.

La dirección artística es probablemente uno de los puntos más fuertes del juego. Los laboratorios, las instalaciones tecnológicas y los diferentes escenarios poseen una estética cyberpunk muy atractiva, con una iluminación y una paleta de colores que ayudan enormemente a crear atmósfera. Nos ha gustado especialmente cómo se representan algunos momentos más dramáticos, consiguiendo transmitir emociones con muy pocos elementos.

Las animaciones de los personajes también merecen una mención especial. Existe un gran trabajo detrás de cada movimiento y eso contribuye enormemente a reforzar la sensación de estar participando en una historia viva. Todo desprende un aroma muy marcado a anime de ciencia ficción y creemos que eso es algo que muchos jugadores sabrán apreciar.

La ambientación funciona realmente bien y consigue construir un mundo creíble dentro de su propia propuesta. No hace falta contar con el presupuesto de una superproducción para crear escenarios memorables, y Nobody Nowhere demuestra precisamente eso. A veces basta con una buena dirección artística y con saber utilizar correctamente cada recurso disponible.

En el apartado sonoro también encontramos un trabajo bastante sólido. La banda sonora acompaña perfectamente los diferentes momentos de la aventura y sabe cuándo debe permanecer en segundo plano y cuándo necesita ganar protagonismo. Hay melodías que encajan especialmente bien con el tono melancólico de la historia y ayudan a potenciar las emociones de determinadas escenas.

Los efectos de sonido cumplen correctamente y aportan una mayor sensación de inmersión. Todo está integrado con bastante coherencia y se nota que existe una intención clara de reforzar la atmósfera futurista que rodea a la aventura. Nosotros creemos que el sonido juega un papel muy importante en la experiencia y aquí realiza un trabajo más que notable.

No existe doblaje completo, algo comprensible dadas las características del proyecto, pero los diálogos avanzan con suficiente agilidad como para que eso no suponga ningún problema. Al final, el verdadero protagonismo recae sobre los textos y sobre la manera en la que estos consiguen transmitir las emociones de los personajes. Y sí, algunos silencios también consiguen decir más que muchas conversaciones eternas. Algo que cualquiera que haya tenido una reunión incómoda sabe perfectamente.

En el apartado técnico, la experiencia resulta bastante satisfactoria. El rendimiento es estable y el juego se mueve con fluidez durante prácticamente toda la aventura. No hemos encontrado problemas especialmente graves ni errores capaces de arruinar la experiencia, algo que siempre es una buena noticia.

Sí es cierto que pueden aparecer pequeños detalles puntuales o ciertas limitaciones propias de una producción independiente, pero nada especialmente preocupante. La sensación general es la de un producto cuidado y bien optimizado. Y sinceramente, viendo cómo está el panorama actual, encontrarse con un juego que simplemente funciona ya casi merece una ovación de pie.

También se nota un esfuerzo importante en el pulido general. Los menús son cómodos, la navegación resulta intuitiva y todo responde adecuadamente. Son esos pequeños detalles que muchas veces pasan desapercibidos, pero que terminan marcando la diferencia entre una experiencia agradable y otra capaz de hacernos discutir con la pantalla. Porque bastante sufrimos ya con las actualizaciones de Windows.

En definitiva, Nobody Nowhere nos ha parecido una propuesta muy interesante para quienes disfrutan de las historias de ciencia ficción con cierto componente filosófico y una fuerte carga narrativa. La trama consigue enganchar gracias a sus misterios, los personajes aportan personalidad y la ambientación resulta realmente atractiva.

La jugabilidad sabe mantenerse en un segundo plano para dejar que la historia brille, mientras que el apartado visual destaca por un pixel art de enorme calidad y una dirección artística muy inspirada. El sonido acompaña perfectamente y el rendimiento cumple con nota, ofreciendo una experiencia bastante pulida.

Nosotros creemos que Nobody Nowhere es uno de esos títulos que quizá no hagan demasiado ruido, pero que terminan dejando un recuerdo especial. Una aventura pequeña en tamaño, pero con suficientes ideas interesantes como para quedarse rondando en nuestra cabeza bastante tiempo después de haber visto los créditos finales. Y eso, al final, es algo que muy pocos juegos consiguen de verdad.